Carlos Gustavo Álvarez

¿Y por qué no?

Carlos Gustavo Álvarez
Opinión
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
julio 24 de 2015
2015-07-24 02:46 a.m.
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Resulta provechoso en esta época previa a las elecciones, conocer el trabajo de Manny Díaz, alcalde de Miami entre el 2001 y el 2009, y cuyo paso por Colombia resultó injustamente discreto. Fue invitado por la Universidad Central, con motivo de los 25 años de Findeter, al conversatorio ‘Cambio urbano: innovación y creatividad’, que realizó con Charles Landry, el pasado 23 de junio.

Por fortuna, Findeter ha puesto en su página web (para devorar gratis) su libro La transformación de Miami: reconstruir los Estados Unidos barrio por barrio, ciudad por ciudad, con prólogo del exitoso exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, y la traducción profesional y agradable que caracteriza a Ana del Corral Londoño (Ediciones Uniandes).

Díaz reivindica que el futuro de un país no se juega en los solios del parlamento ni en las altas esferas de Washington (en el caso de Estados Unidos), sino en todas y cada una de las ciudades que conforman su territorio. Es allí donde una población urbana está buscando que el presente les permita creer en el futuro, vivir en paz y con seguridad, educar a sus hijos, trabajar, acceder a la cultura y a la recreación.

Quien aspire a una alcaldía o gobernación debe tener clara la noción de servicio público. Y así dedicarse no a trabajar para la próxima elección, sino para la siguiente generación. Por lo tanto, debe renunciar a una práctica que se ha venido consolidando: convertir el ejercicio en catapulta o en simple estadero del dinámico camino político…

Ahora bien, y como lo señalaba Carlos Vicente de Roux sobre la alcaldía actual de Bogotá, “no se puede llegar a hacer ideología, sino a atender las necesidades de toda la población”. Algo similar considera Bloomberg, para quien “a diferencia de los miembros del Congreso, los alcaldes no gozamos del lujo de pasar los días inmersos en debates ideológicos. Nos eligen para resolver problemas que afectan la vida cotidiana de las personas, desde combatir el crimen hasta reparar los huecos en el pavimento”. ¡Y la basura! Para Manny Díaz, sus prioridades, para cuya solución involucró al sector privado, eran seguridad, infraestructura, desarrollo económico, educación y cultura. Para todos. Pues, como señala De Roux, “el alcalde de una ciudad no puede gobernar solamente para los más pobres”.

Esos propósitos, como lo constató Díaz en una Miami derrotada y tomada por el vicio y el descuido, se estrellan contra un mantra funesto que se ha consolidado en la cultura latina: “no, eso no se puede”. Díaz tuvo que instaurar una cantaleta persuasiva basada en una pregunta que taladraba las conciencias de sus colaboradores y ciudadanos: “¿y por qué no?”.

La noción de barrio es reivindicada por Díaz. Ese es nuestro entorno principal, el de nuestra familia, y no tiene sentido que nos asalten nuestros propios y juveniles vecinos, como ocurrió hace poco en Bogotá. La transformación de Miami parece escrito para la caótica capital de Colombia, que hoy, como lo señaló Eduardo Behrentz, adolece de una mala gerencia pública, le amputaron el modelo de ciudad a largo plazo y ha abandonado el concepto de construir sobre lo construido. Pero es claro que estas lecciones se pueden aplicar a muchas ciudades del país.

Carlos Gustavo Álvarez G.

Periodista

cgalvarezg@gmail.com

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