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Jueves 20 de Junio 2013

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‘Es la economía, estúpido’

Junio 7 de 2012 - 7:04 pm



La frase que titula este escrito es recordada por ser uno de los tres mensajes que los asesores de Bill Clinton diseñaron para su exitosa campaña presidencial de 1992.

Desde ese entonces, ese simple lema sale a colación cada vez que un candidato emplea como arma política el desempeño de un contendor en ejercicio.

De nuevo, 20 años después, la economía interna de Estados Unidos se perfila otra vez como el tema prioritario en la carrera hacia la Casa Blanca a definirse en noviembre próximo.

Las estadísticas oficiales muestran que el Gobierno de Barack Obama ha sido incapaz de guiar a la superpotencia a una sólida recuperación después de la crisis financiera del 2008.

Es cierto que el inexperto mandatario recibió una herencia tóxica de su antecesor George W. Bush, y que tomó difíciles decisiones como el multimillonario plan de estímulos y el salvamento a la industria automotriz.

Sin esas inyecciones la situación hoy en día sería mucho peor. No obstante, es muy difícil ganar méritos políticos con base en ese argumento y hablar del hoyo en el que estaría el país si no hubiera seguido el curso trazado.

Las esperanzas de Washington de llegar al 2012 con un entorno más favorable se han venido al piso con los recientes reportes de empleo. En un año electoral como este, es el mercado laboral, y más específicamente los puestos de trabajo, uno de los indicadores más poderosos del éxito de la gestión del Gobierno.

En el pasado mes de mayo, la economía estadounidense creó únicamente 69.000 empleos y la tasa de desocupación subió a 8,2 por ciento, una cifra altísima para los estándares del país del Norte.

Lo más grave es que la anémica generación de empleo es tan persistente que cientos de miles están abandonando por completo la búsqueda de un cargo.

Han sido precisamente estos precarios resultados los que mantienen a la agenda económica como la principal preocupación de los votantes norteamericanos. De hecho, una reciente encuesta de The Wall Street Journal y NBC muestra que el 52 por ciento de los ciudadanos desaprueban la forma como el presidente Obama está manejando la economía.

Los tiempos del carismático mandatario como una ‘estrella pop’ de la política son hoy lejanos: de acuerdo con el sondeo diario de Gallup, mientras el 47 por ciento rechaza su gestión, apenas el 46 por ciento la apoya.

Esta mirada crítica del electorado al balance de la Casa Blanca en el tema del empleo ha desembocado en el crecimiento del respaldo al contendor republicano.

En los últimos meses la cómoda ventaja de varios puntos porcentuales que Obama gozaba sobre Mitt Romney ha desaparecido hasta convertirse en un empate dentro de los márgenes de error. Tal caída a menos de seis meses del día de elecciones se debe casi que exclusivamente al fracaso de la administración en suavizar los efectos de la incertidumbre laboral.

Las estrategias de ambas campañas frente al sombrío panorama laboral han sido muy diferentes.

Los opositores republicanos han aprovechado la condición de empresario de su candidato para prometer un manejo más eficiente de la economía. El mensaje es claro: Romney, su MBA y su experiencia en los negocios sacarán a Estados Unidos de estas estadísticas tan mediocres.

Por el lado de la Casa Blanca demócrata el discurso está anclado en el miedo: un gobierno conservador ayudará a los más ricos y perjudicará a las clases medias y bajas.

Aún es pronto para establecer cuál de los dos abordajes terminará por convencer al electorado en noviembre próximo.

A diferencia de hace cuatro años cuando Barack Obama encarnaba un cambio histórico al ser el primer político negro que llegaba a la Casa Blanca, hoy la esperanza ha dado paso al pesimismo y el estancamiento para muchos estadounidenses, especialmente los más jóvenes.

Lo cierto es que la candidatura que logre proyectar una mayor capacidad para resolver el problema del empleo ganará en noviembre las elecciones presidenciales del 2012.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

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