Alberto Schelesinger Vélez

Bacrim y Farc, un mismo frente

Afirmar que el gran enemigo a derrotar puede hacernos caer en un error de percepción, no importa el

Alberto Schelesinger Vélez
POR:
Alberto Schelesinger Vélez
febrero 16 de 2011
2011-02-16 10:39 p.m.
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Con un nombre de antibiótico de amplio espectro, las Bacrim o Bandas Criminales Emergentes, se han convertido en la principal amenaza a la sociedad. Según las fuentes de información, su crecimiento y cobertura es realmente alarmante. Se afirma que en enero del 2009 tenían 2.000 efectivos y en diciembre del mismo año, ya contaban con 3.700. Hoy, se dice que son 6.000 con cerca de 7.400 que les brindan apoyo y actúan en 158 municipios de 24 departamentos del país.
Así las denomina el Ministro del Interior: “el nuevo enemigo”. Desde su inicio , han evolucionado de bandas que han desaparecido como tales, o se han integrado en otras, con denominaciones tan variadas como ‘los machos’, ‘los paisas’, ‘autodefensas gaitanistas de Colombia’, etc., a llegar a ser seis organizaciones mayores.
En cuanto a su origen, los analistas afirman que proviene de carteles pequeños de la droga, desmovilizados que volvieron al crimen, autodefensas que no se entregaron y delincuencia común. Lo que sí es claro es que su razón y eje es la producción y el tráfico de drogas. Este es el punto central para caracterizarlas.
Afirmar que es el gran enemigo a derrotar puede hacernos caer en un error de percepción, ya que no importa el ropaje que le den los medios, o los interesados, en el fondo comparten el mismo interés de la guerrilla: el narcotráfico.
Quiénes las conforman, o cuáles son sus motivos o características que los diferencian de las Farc y el Eln es una disquisición en la que no debemos entrar. En la base tienen el mismo objetivo, y a pesar de trifulcas esporádicas, es muy posible que estén integrados por efectivos que se mueven de un bando al otro. Especialmente, desde la guerrilla, lo cual le permitiría camuflarse y defender sus más caros intereses. No se nos olvide que las Farc controlan directamente más del 60 por ciento de las drogas que salen del país, superando hoy en día el 70 por ciento de sus ingresos.
Luego, no deberíamos orientar la opinión hacia un ‘nuevo peor enemigo’. Indudablemente, debemos responder ante sus acciones y amenazas, pero el enemigo son las Farc y el Eln, y lo que se deriva de ellas sin consideración alguna sobre si las Bacrim son más o menos dañinas. Además de atentar contra la existencia misma del Estado, los crímenes y delitos de todo tipo que la guerrilla terrorista ha cometido, superan con creces a las Bacrim. Estas, además, deben su existencia y peligrosidad, en buena medida, a la guerrilla que se apoya en ellas y comparte el mismo negocio.
Otra consecuencia, tal vez la de mayor gravedad, derivada de la diferenciación, es la de involucrar directamente a las Fuerzas Armadas en su represión, cuando de forma expresa se les considera como delincuencia común. En dicha condición, cualquier muerto o herido que se produzca por efecto de la acción de las Fuerzas Armadas, automáticamente la colocaría al margen del DIH, con lo cual serían perseguidos como asesinos o genocidas. Algo que las ONG y los enemigos de ellas, que todos sabemos dónde están, no desperdiciarían y estarían encantados de que se les ordenara involucrarse.
Si son delincuentes comunes, para eso está la Fiscalía y la Policía por mandato Constitucional. Tenemos el ‘mejor policía’ del mundo como Director, pero además, una fuerza a la que se le han dado todos los medios, y más parece un ejército regular, con un tamaño y capacidad de acción que supera a muchas en el mundo. Luego que sean estas las que los combatan, mientras estén calificados como delincuentes comunes.

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