Alberto Schelesinger Vélez

Movilidad

La movilidad tiene que ver con las posibilidades de crecimiento económico del país y con los niveles

Alberto Schelesinger Vélez
POR:
Alberto Schelesinger Vélez
febrero 03 de 2011
2011-02-03 01:00 a.m.
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El tema de la denominada movilidad se ha venido tratando y entendiendo de diferente manera por la opinión pública. Unos lo perciben como la restricción del Pico y Placa, y otros como la congestión insostenible del tráfico. Asimismo, hay quienes la ven como el servicio deficiente de un transporte anticuado y contaminante, o los que la consideran un problema de transporte urbano en las ciudades grandes, y muchos como la suma de todo lo anterior.

Primero, el tema de la movilidad es de carácter nacional, no sólo de unas pocas ciudades, que por su población enfrentan problemas de transporte; y segundo, se refiere a la movilidad de todo tipo de bienes, no sólo de las personas. La movilidad tiene que ver con las posibilidades de crecimiento económico del país y con los niveles de competitividad que requerimos para exportar y, a la vez, no encarecer el comercio interno y nuestras importaciones. Es un problema que atañe con la infraestructura básica de transporte que el país requiere.

Si bien hay casos más críticos y urgentes, como el de Bogotá, la política de movilidad debe encararse como una planeación y acción integral de carácter nacional con repercusiones en todos los órdenes, desde el económico, en términos del movimiento de bienes y personas, y su impacto en el costo y eficiencia hasta el de seguridad nacional. Por ello, debe considerarse como una ‘locomotora eje’ de la cual depende el desempeño óptimo de las demás.

Los variados y serios estudios que al respecto se han adelantado, como por ejemplo el de la Universidad de los Andes, nos ponen de presente nuestra olvidada o desconocida realidad geográfica, que siempre dejamos de lado, con tres ramales de la cordillera de los Andes a lo largo del país. Esto deja en evidencia una red vial –si se le puede llamar así– derivada de una telaraña de vías de segundo orden y de caminos que se construyeron para unir pueblos y no para responder a ubicaciones y características eficientes; con el menor número de túneles y pasos elevados del mundo y finalmente sin ferrocarril.

Por otro lado, el aumento acelerado del parque automotor generado por la mejora en el ingreso de amplios grupos sociales, la reducción de costos de los vehículos de todo tipo y las facilidades de crédito y compra, que a su vez alimentan un creciente mercado secundario, forma parte de la mejora en las aspiraciones y calidad de vida de la sociedad que hace unos lustros no tenían la posibilidad de ello. Lo anterior es un fenómeno analizado y cuantificado con el respectivo conocimiento de su evolución y, en consecuencia, de las necesidades y respuestas que genera.

Enfrentar el problema requiere, en primer lugar, la modificación del marco legal existente, de forma tal que permita involucrar al sector financiero internacional no sólo como fuente de recursos directa, sino como garantía con el Gobierno para captar ahorro internacional, saliéndonos del esquema actual en que los constructores y operadores locales son la garantía de la ejecución y desarrollo de los proyectos. Adicionalmente, es indispensable la definición de los modos de prestación del servicio de transporte y la clara delimitación de las funciones de las autoridades públicas involucradas.

Infraestructura, servicio y autoridades son los puntos básicos de reforma, donde hay que evitar, en su proceso de aprobación por el Congreso, la rebatiña presupuestal y la imposición de intereses regionales, lo cual no será fácil. Esa nueva ley o normatividad deberá ser lo más amplia y menos condicionada posible, trasladándole al Ejecutivo la totalidad de su implementación y desarrollo. Finalmente, la experiencia de países como Francia, España o Chile, muy educativa y amarga en muchos casos, es fundamental tenerla en cuenta, así como oír en forma directa a los promotores, financiadores y operadores internacionales para que, en lugar de centrar nuestra exposición en lo que creemos y queremos, nos digan claramente lo que necesitamos para poder contar con el apalancamiento externo que un plan de esta magnitud requiere.
 

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