Alberto Schelesinger Vélez

Poker a alto nivel

Alberto Schelesinger Vélez
POR:
Alberto Schelesinger Vélez
junio 15 de 2011
2011-06-15 11:08 p.m.
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El proceso entre palestinos e israelíes tiene muchas aristas e implicaciones de carácter mundial.

Los últimos hechos, caracterizados por las declaraciones ambiguas del presidente Obama, en relación con las concesiones en materia de fronteras y la respuesta lógica del ministro Netanyahu, son sólo parte del case inicial del nuevo juego.

Para Estados Unidos, la situación en Afganistán; lo que se avecina en Irak con la dificultad el retiro total de tropas y el riesgo de regresar tan pronto Irán desestabilice más el país y la región; la relación con Paquistán después de Bin Laden, y los movimientos en países claves como Yemen y Bahrein, hacen que el apoyo árabe, sobre todo en inteligencia y acceso, sea decisivo. Por ello, una oferta como las fronteras anteriores a 1967 tiene sentido para ellos.

No debe olvidársenos que por los dos estrechos, el de Ormuz y el que comunica al mar Rojo con el Mediterráneo, circulan 20 millones de barriles de petróleo diarios, cerca del 50% de lo que se transporta por esta vía a nivel mundial. En sus costas están Irán y algunos de los que están sufriendo los embates desestabilizadores.

Además, en periodo electoral, con la Cámara en manos de los republicanos y las dificultades internas, es natural que el Ejecutivo promueva su actividad y busque resultados en el campo internacional donde tiene más libertad de acción.

Por su parte, tanto a los sirios como a los jordanos y egipcios, que históricamente han sido el verdadero obstáculo a muchas de las pretensiones palestinas –además de las disputas religiosas y su temor a Irán–, el que se abra una puerta por cuenta de Israel y a solicitud americana puede aliviar tensiones cada vez mayores.

Desde el punto de vista de la seguridad nacional israelí, reducir la fronteras a las del armisticio de 1948 trae claras desventajas, en especial frente a la confrontación no convencional con el terrorismo y el uso de armas químicas y biológicas, y desde el de la moral interna y de debilidad frente a un enemigo que no quiere nuevas fronteras ni reconocimiento como Estado, sino el objetivo final de la desaparición de Israel, tampoco será eficaz.

Sin embargo, puesto el tema en la mesa por quien representa el respaldo indispensable para la seguridad nacional del Estado israelí, Estados Unidos –lo cual es una debilidad– y los pasos que están dando los palestinos para dar una imagen conciliatoria, aunque nada confiable, como el acuerdo entre Hamás y al Fatah, los jugadores deben mirar bien sus cartas y estar dispuestos a ‘cañar y arriesgar’ para ver quién se queda con la upper hand.

Israel puede jugársela aceptando la propuesta, asumiendo que los palestinos –como lo han hecho en el pasado– la rechacen finalmente, rehusarse con el riesgo de quedar aislados e incrementar sus divisiones internas o asumir que los palestinos los acepten con la inseguridad usual y de efecto de división interna.

De la relación con el mundo árabe de los palestinos y de Israel con Estados Unidos, y de su unidad interna, dependerá quién tenga que parpadear primero.

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