Alberto Schelesinger Vélez

‘The Day After’

Alberto Schelesinger Vélez
POR:
Alberto Schelesinger Vélez
noviembre 17 de 2011
2011-11-17 01:43 a.m.
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Con la selección del candidato único a la Presidencia de la República, el proceso electoral venezolano entra en la etapa de definiciones.

En febrero se realizarán los comicios primarios y las elecciones tendrán lugar en octubre del 2012.

El número de precandidatos presidenciales se ha reducido a cinco y los que se han retirado han ofrecido su apoyo a quien resulte electo. Oswaldo Álvarez Paz, gobernador del Táchira, y el alcalde de Caracas, Ledesma, lo han hecho, lo cual, a mi juicio, deja las alternativas más débiles en términos de la experiencia y gobernabilidad que deberá tener quien le gane a Chávez.

La atención está centrada en esta etapa previa, o sea, hasta el 7 de octubre. Ahí surgirá el primer obstáculo y es que esa mayoría no chavista que viene consolidándose en las urnas requerirá obtener una diferencia contundente, superior al 60%, para que el régimen no altere el resultado o el ‘caudillo’ entregue.

El día siguiente o Day After, como en la película donde se analizaba lo que seguía a la hecatombe, es donde la atención debe estar puesta.

Así, si Chávez perdiera y se escamoteara el resultado o no se entregara el poder, como altos militares y el mismo ‘caudillo’ lo pregonan permanentemente, la crisis estallaría.

Si la oposición consolida su triunfo y se le entrega el poder, lo que seguiría requerirá de una decisión y acciones que, en su análisis inmediatista y en los llamados de buena voluntad y hermandad nacionalista hacia un nuevo país, los jóvenes precandidatos parece que no las han considerado en la magnitud y contundencia necesarias para consolidarse en el poder.

Una sociedad larga y profundamente fracturada, incluyendo la fuerza armada, último bastión de contención y orden, difícilmente podrá convocarse alrededor de un objetivo nacional diferente a los postulados de Chávez, y si gran parte del componente civil está armado y dispuesto a tomar medidas extremas, como lo viene demostrando, el enfrentamiento armado sería inevitable.

La universalización del chavismo, en especial hacia los regímenes dictatoriales y el terrorísmo, la ubicación geopolítica de Venezuela, sus recursos económicos, sus vínculos con Rusia y China, y su sustento indispensable para la supevivencia de Cuba y el ícono que representa dentro de la izquierda internacional, hacen que el cambio de dirección y modelo del país sea algo donde confluyen enormes y poderosos intereses.

Esto diferencia el posible tránsito venezolano de los cambios dictatoriales del pasado, como en Nicaragua, R. Dominicana, Perú o Chile, donde los intereses y efectos se circunscribían a una órbita muy local.

Pero en una economía destrozada y dependiente del Estado en más de un 95%, aun en el caso de que todos los nombrados en los puestos oficiales por el régimen renegaran de Chávez y se pusieran una camisa de cualquier otro color, la gobernabilidad del país exigiría salir de la mayoría, caracterizados por la incompetencia total y la corrupción, sello del régimen. Para ellos, una cosa sería cambiar de afectos políticos y otra perder el puesto.

Y quedaría Chávez, todavía vivo, la cúpula del chavismo, los parlamentarios chavistas, etc, todo lo cual, junto con la juventud y buenos deseos del candidato que elija la oposición –que en otras circunstancias y país significaría renovación y esperanza–, confluiría en la verdadera crisis que empezaría el día siguiente y el triunfo larga y arduamente buscado, sin gobernabilidad, desembocaría en un enorme fracaso.

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