Alejandro Martínez Villegas
Análisis

Colombia lo que necesita es sembrar su petróleo

Mientras nos enfrascamos en discutir sobre falacias, otros países están sintonizados con la agenda internacional y actúan estratégicamente para aprovechar al máximo sus riquezas naturales. En nuestra política pública minero-energética es vital priorizar que esta renta petrolera impulse el desarrollo económico y social del país.

Alejandro Martínez Villegas
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Alejandro Martínez Villegas
abril 10 de 2018
2018-04-10 08:30 p.m.
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La discusión sobre petróleo o aguacate que se ha presentado en el país, es realmente una forma de poner sobre la mesa el tipo de modelo económico deseable. Quienes proponen que debe ser con “aguacates”, lo hacen porque parten del supuesto de que petróleo y agricultura son incompatibles. Asumen que hay una disputa por el uso del suelo y el agua, además de la mano de obra y la infraestructura existentes en las regiones.

Perdiendo el foco sobre lo que realmente se discute, hay quienes centran el debate en cuál genera más aportes fiscales, empleos, divisas, y qué sé yo. Pero ese no es el tema: evidentemente el petróleo ha generado más renta fiscal y divisas, al paso que la agricultura ha producido más empleo y ha apuntalado la seguridad alimentaria, entre otras cosas. El punto es que no hay tal disputa por el uso del suelo o del agua, los dos sectores son complementarios no excluyentes.

En mis largos años en la industria petrolera he participado en varios foros debatiendo este tema y es casi imposible que los contradictores de la industria extractiva comprendan que el dilema (petróleo o agricultura) es equivocado. No hay poder humano que les haga ver que la industria petrolera ocupa pequeñísimas extensiones territoriales y asumen que el área total de los bloques contratados es igual al área intervenida, lo que es totalmente equivocado. La extensión superficiaria realmente ocupada es infinitamente menor al área objeto de los contratos de exploración y producción.

Tampoco quieren ver que el petróleo puede ser un aliado estratégico de la agricultura. De hecho, por ejemplo, en Campo Rubiales se estructuró un proyecto de palma espectacular, en donde el petróleo suministra el agua de producción tratada, la interconexión eléctrica y la carretera. Pero los contradictores se oponen porque en su planteamiento doctrinario dogmático son ciegos ante los beneficios de este tipo de proyectos, que además favorecen principalmente a las comunidades vecinas a los mismos. En la discusión que se viene dando en redes sociales y en medios de comunicación, quienes plantean el dilema “petróleo o aguacate” igual han podido decir café, yuca o cacao. El tema de fondo es que lo que quieren es la tierra y creen que el petróleo es un obstáculo que se los impide.

Tampoco debería existir el dilema entre petróleo o agua. Pero lo repiten y repiten, algo queda al final del día. De hecho, en Colombia hay cuestionables ‘expertos’ que van por las regiones difundiendo esta falacia. Las asociaciones de geólogos, ingenieros de petróleo y universidades han explicado hasta la saciedad que el petróleo no usa casi agua. En el Estudio Nacional del Agua del 2014, (Ideam) se informa que el sector petrolero demanda el 1,6 por ciento y el minero el 1,8 por ciento, del total de la demanda nacional de agua. El sector agrícola el 46,6 por ciento y el eléctrico el 21,5 por ciento, entre otros. Pero las cifras objetivas no cuentan para estos detractores porque los intereses son otros.

Esta desinformación ha impedido adelantar de manera normal las operaciones petroleras porque las comunidades engañadas se oponen haciendo bloqueos, frente a lo cual las autoridades se muestran impotentes, con el correspondiente detrimento económico, tanto para los inversionistas como para las regiones petroleras que dejan de recibir renta para la educación, salud, pensiones, carreteras, frigoríficos, centros de acopio, comunicaciones, puertos, hospitales, entre otros.

Al mismo tiempo que nos enfrascamos en discutir sobre falacias, los demás países están sintonizados con la agenda internacional y actúan estratégicamente para aprovechar al máximo sus riquezas naturales. Los países árabes saben que la era del petróleo tiene los años contados, desde antes de la COP 21, que le puso lápida con fecha al consumo de combustibles fósiles. Por eso es que ellos, en particular Arabia Saudita, no disminuyeron su producción en el 2014, frente al boom de los no convencionales (shales) de Estados Unidos, que desplomaron los precios del crudo. Los árabes no se quieren quedar con sus riquezas enterradas, van a producir todo lo que puedan y están implementando estrategias para aprovechar la renta petrolera en otros sectores productivos que les permita reemplazar a la locomotora petrolera como motor de su desarrollo económico y social.

Nosotros deberíamos hacer lo mismo. De hecho, en nuestra política pública minero-energética es vital priorizar que esta renta impulse el desarrollo económico y social. Se trata de realizar una ‘sustitución de activos’: activos no renovables (reservas in situ) por activos permanentes, que impulsen el crecimiento de otros sectores empresariales, atender los retos sociales (educación, salud, vivienda, pensiones, entre otros). En otras palabras, es necesario “sembrar el petróleo”, como bien lo planteó hace 80 años el ilustre intelectual venezolano, Arturo Uslar Pietri.


Alejandro Martínez Villegas
*Exviceministro de Minas y Energía.

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