Debates Inútiles

Las guerrillas no tienen ningún apoyo popular.

Redaccion Motor
POR:
Redaccion Motor
mayo 13 de 2011
2011-05-13 06:41 a.m.

 

Muy sorprendidos quedaron los oyentes de  La W  cuando, por más de una hora, fueron testigos del pugnaz debate entre dos ex presidentes Álvaro Uribe y Ernesto Samper –otrora aliados en el ‘poder popular’– sobre si Colombia vive o no un conflicto armado.

Ya antes y durante estos días, después de muchas idas y venidas y luego de que con la mayor naturalidad el presidente Santos dijera que conflicto armado tenemos hace mucho tiempo, los amigos –o ¿ex amigos?– de Uribe terminaron por reconocer lo que nadie debería negar: que hace más de sesenta años Colombia vive un conflicto armado.

Adicionalmente, el Presidente, desde el Palacio, hizo el anuncio acompañado de los jefes del partido de La U y de la cúpula militar. Con ello, dejó sin piso uno de los argumentos de nuestro  twittero  ex presidente, en el sentido de que esa aceptación implicaba una ofensa a nuestras fuerzas Militares.

Si la propia cúpula lo acepta, se quedaría sin respaldo el ex presidente Uribe. Acabó, como se dice en el Tolima, “afanándose más el velón que el dueño de la olla”. Naturalmente, lo que no existe en Colombia es guerra civil, si por tal se entiende el enfrentamiento armado entre dos sectores de la población.

Aquí no hay discusión sobre la integridad territorial, ni sobre cuestiones religiosas, que en otras partes generan guerras. Las guerrillas no tienen ningún apoyo popular. Muchos colombianos terminan involucrados más por coacción que por convicción.

Tampoco es la guerrilla idealista de hace cuarenta años, que pretendía imponer un régimen marxista por la vía de las armas tomando el modelo castrista. Su vinculación en el tráfico de drogas y el haber tomado el secuestro como fuente de financiación los ha deslegitimado ante la opinión pública nacional e internacional. Pero el conflicto armado, como tal, existe. Son muchas las normas legales que así lo reconocen. La Ley 418 de 1997, expedida durante la administración Samper, y reeditada durante el Gobierno Uribe, le da una serie de instrumentos al Gobierno para conseguir la paz, lo que supone reconocer la existencia del conflicto armado.

El Código Penal del año 2000 tiene un capítulo dedicado a sancionar todas las violaciones al derecho internacional humanitario, cometidas “en el curso de un conflicto armado”. Pero además, los tozudos hechos así lo demuestran. Uribe incluso trató en algún momento de adelantar conversaciones de paz. Tuvo un ‘comisionado de paz’ que obviamente no tenía como función negociar con apartamenteros o delincuentes comunes en general.

De todas maneras la guerrilla comete actos terroristas, por todos rechazados, y el reconocimiento del conflicto no supone darle el  status  de beligerancia, lo que implicaría admitirlo como válido interlocutor del Estado.

De ninguna manera implica poner en el mismo plano a nuestras Fuerzas Militares y a los representantes de la subversión armada. ¿Por qué será que los colombianos nos desgastamos tanto en discusiones inútiles? ¿Por eso también será que se produjo una balacera en la Cámara de Representantes en la década del cuarenta cuando se discutía si una reforma electoral era un código o una ley?

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado