Andrés Cavelier
columnista

La economía colaborativa, inatajable

Andrés Cavelier
Opinión
POR:
Andrés Cavelier
febrero 17 de 2016
2016-02-17 10:43 p.m.
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Hace unas semanas, la automotriz Ford hizo un anuncio de que va a competir en Estados Unidos con Uber a través de un nuevo servicio de carro compartido. Y solo días después, General Motors dio a conocer una inversión de 500 millones de dólares en Lyft, la competencia de Uber. ¿Qué está pasando acá? ¿Por qué están tan interesados estos dos gigantes en emprendimientos que hace unos años ni existían?

La respuesta es que ambas empresas han entendido algo que muchas otras aún no comienzan ni a procesar. Que la revolución de la economía colaborativa, también llamada sharing economy, es real, disruptiva, inatajable y prometedora. Forbes calcula que el tamaño de este sector es de 3.500 millones de dólares y analistas calculan que podrían llegar a 110 mil millones de dólares.

La economía colaborativa se basa en el acceso sobre la propiedad (compartir lo que tenemos en vez de comprar más bienes) y en maximizar activos subutilizados, ya sea un carro, una habitación, nuestro tiempo, habilidades o conocimientos. Rachel Botsman, una de las pioneras de esta revolución, sostiene que mantener un carro cuesta 8.000 dólares al año y, sin embargo, pasa en promedio 23 horas al día estacionado.

Si usted ha utilizado servicios como Uber, Airbnb, eBay, MercadoLibre, Craigslist, TaskRabbit, Kickstarter, Elance o Coursera, ya se ha beneficiado de la economía colaborativa. Y si no los ha usado, ¡pronto lo hará! Esta no es una revolución de los países industrializados, es un fenómeno global. Y América Latina no está exenta.

De Argentina viene Idea.me, un servicio de financiamiento colectivo que ya opera en 6 países latinoamericanos, incluida Colombia. En México, la firma francesa BlablaCar adquirió en el 2015 a Aventones, dueña de la startup de auto compartido Rides. Y un guatemalteco, Luis von Ahn, es el fundador de Duolingo, el servicio gratuito para aprender idiomas más innovador que existe, que se basa en un lucrativo modelo de crowdsourcing.

El mercado colombiano es aún muy incipiente, pero cada vez más activo. Gustavo Palacios, un bogotano que impulsa este nuevo modelo desde su emprendimiento Sharecollab.co, realizó un primer mapeo nacional de iniciativas de economía colaborativa, que incluye a EasyWay (carpooling), Pedaleando por Bogotá (bikesharing), HubBOG y AtomHouse (co-working), Lenddo (microcrédito), Donacción y Little Big Money (crowfunding), para mencionar algunas. Y a estos súmele WeSura, el primer servicio de seguros basado en un modelo de comunidad que acaba de introducir el Grupo Sura.

Pero la lista se agota rápidamente. ¿La razón? Las barreras de entrada son considerables. Albert Cañigueral, conector para España y América Latina de la organización OuiShare, que se dedica a la promoción de la economía colaborativa a nivel global, explica que algunas de estas barreras son la falta de confianza por parte de los usuarios, carencia de medios de pago, por la baja bancarización, y la barrera tecnológica, ya que para consumir estos servicios se requiere de conocimientos técnicos básicos.

Y a estos obstáculos, súmele los retos legales de una industria naciente, que algunos quieren regular con esquemas anticuados que protegen viejas industrias y modelos, cuando lo que se necesita es allanar el camino para darle paso a la innovación. La economía colaborativa ha llegado para quedarse. Úsela, intente entendarla y piense cómo puede adaptarla a su trabajo.

Andrés Cavelier
Consultor en comunicaciones
acavelier@gmail.com

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