Andrés Cavelier
columnista

Sí a Uber y la innovación

Declararle la guerra a la tecnología es el peor paso que podemos dar, justo cuando lo que necesitamos es apostarle a construir un nuevo país.

Andrés Cavelier
Opinión
POR:
Andrés Cavelier
septiembre 21 de 2016
2016-09-21 07:26 p.m.
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La semana pasada, Pittsburgh se convirtió en la primera ciudad en el mundo en permitir que sus ciudadanos se desplacen en carros autónomos de Uber, los cuales pueden pedir desde esa aplicación.Este avance revolucionario es un programa piloto de Uber, compañía que llegó a un acuerdo con la segunda urbe de Pensilvania para que, inicialmente, alrededor de Ford Fusion autónomos, o sea autos sin piloto, circulen por la ciudad transportando pasajeros.

Bill Peduto, el alcalde de Pittsburgh, le explicó a The New York Times que “uno puede poner todas las trancas burocráticas o extender la alfombra roja. Si usted quiere tener un laboratorio de tecnología del Siglo XXI, es mejor extender la alfombra roja”.

Qué contraste la visión de esa ciudad con la manera como el Ministerio de Transporte y la Superintendencia de Puertos y Transporte de Colombia están manejando el caso de Uber, empresa que consideran ‘ilegal’ y a la que quieren sacar, a la fuerza, a punta de demandas y multas.

Mientras que en la última década Pittsburgh logró que Apple, Google, Intel y Uber abrieran grandes centros de investigación, dando un paso importante para convertirse en un nuevo hub de tecnología, en Colombia algunas autoridades ponen todos sus esfuerzos en ver cómo hacerle zancadilla a la innovación.

Lo único que van a lograr en Colombia va ser proteger los intereses de unos pocos grupos interesados en mantener el estatus quo, desincentivar a emprendedores e innovadores, demorar la adopción de la nueva economía digital y ahuyentar a empresas extranjeras que preferirán ir a mercados más sensatos. Puede que logren ganar una batalla contra Uber, pero la guerra la van a perder.

Los servicios de auto compartido, que hacen parte de llamada economía colaborativa, llegaron para quedarse en el mundo entero. Uber ya opera en 77 países, y en China, Didi crece como la espuma. En Washington, por ejemplo, la ciudad incentiva la competencia de estos servicios, y sus ciudadanos pueden escoger entre Uber, Lyft, Split, Zipcar y Car2go, además de los taxis.

El fenómeno apenas comienza y ya toca muchos sectores. Netflix en televisión; Airbnb y Couchsurfing en alojamiento; y TaskRabbit y Fancy Hands en asistencia personal.
Hundir estas aplicaciones es, además, una apuesta contra la paz. Investigadores estadounidenses han concluido que el uso de servicios como Uber y Airbnb ayuda a crear confianza entre extraños y a generar interacciones comunitarias altamente deseables, algo tan necesario en Colombia.

Lo que el gobierno debe hacer es regular estos servicios de una manera balanceada, que incentive la innovación y la economía digital, y que abran paso a una sana competencia para el bien del consumidor. Y, como ha dicho el exministro Diego Molano, que garantice buenas condiciones de trabajo para los conductores, con horarios de trabajo sanos, seguridad social completa y beneficios. Metrópolis como Ciudad de México ya han regulado Uber, y aquí también podemos hacerlo.

Declararle la guerra a la tecnología y a los innovadores es el peor paso que podemos dar, justo cuando lo que necesitamos es apostarle a construir un nuevo país, a crear empresas productivas, a potenciar ideas creativas y a aprovechar el talento. Por eso, el ejemplo de Pittsburgh es tan importante.

Andrés Cavelier
Consultor en comunicaciones
acavelier@gmail.com

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