Andrés Espinosa Fenwarth

Biocombustibles, en la mira

Andrés Espinosa Fenwarth
POR:
Andrés Espinosa Fenwarth
enero 29 de 2014
2014-01-29 01:28 a.m.
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La política de biocombustibles en Colombia se encuentra amenazada. Fuego cruzado de diversos orígenes compromete azarosamente los fines sociales establecidos en la Ley 693 del 2001, relativos a la autosuficiencia energética nacional, mejora de la calidad de las emisiones contaminantes, y estímulo a la producción y el empleo agrícola e industrial.

De acuerdo con el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, nuevamente llegó al país una importación de alcohol carburante de Estados Unidos, realizada por un distribuidor mayorista de combustibles. Según el registro de importación, el permiso fue tramitado por la Organización Terpel, compañía multinacional que, según BNnamericas, posee el 39 por ciento del mercado nacional de combustibles. Las cifras del Departamento de Agricultura de Estados Unidos confirman que las exportaciones de etanol a Colombia ascendieron 12,9 millones de litros entre enero y noviembre del 2013, equivalentes al 4 por ciento del consumo nacional, cuya tasa de crecimiento, respecto del año anterior, fue superior al tres mil por ciento.

Las importaciones de etanol ponen en riesgo la sostenibilidad de la producción nacional de alcohol carburante, agroindustria que enfrenta condiciones inequitativas de competencia en nuestro mercado. Mientras los productores nacionales de bioetanol tienen prohibido exportar, salvo que garanticen las exigencias de oxigenación de la gasolina local, los comercializadores mayoristas como Terpel pueden importar libremente alcohol carburante –incluso con exigencias técnicas menores en reducción de gases de efecto invernadero– sin tener en cuenta que el mercado doméstico está plenamente abastecido. Dado que la producción nacional de etanol hace parte integral de un servicio público esencial, requerido para asegurar otras actividades fundamentales como el transporte y la generación de energía, es preciso delimitar las importaciones exclusivamente a los eventos comprobados de fallas de oferta, y exigir que tengan las mismas características técnicas y aportes ambientales del etanol colombiano a base de caña de azúcar.

El biodiésel nacional de palma de aceite es, igualmente, objeto de fuego amigo. Actualmente, se encuentra en consulta pública un proyecto de decreto del Ministerio de Minas y Energía que pretende, por una parte, ampliar los factores técnicos o ambientales –diferentes del desabastecimiento interno– para reducir las mezclas de biocombustibles para motores diésel; y por la otra, planea autorizar la reducción de las mezclas de biodiésel para la gran minería. Este proyecto, además de sacudir explícitamente la continuidad de la política de biocombustibles consagrada en el documento Conpes 3510, resulta disconforme con la Ley 939 del 2004. Esta norma obliga al Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural a fomentar la producción de palma de aceite para la obtención de biodiésel, entidad que debería enderezar este entuerto para seguir construyendo sobre lo construido en lugar de destruir lo conseguido.

Andrés Espinosa Fenwarth

CEO de Inverdies andresespinosa@inver10.co

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