Andrés Espinosa Fenwarth

Espejismo en el Pacífico

Andrés Espinosa Fenwarth
Opinión
POR:
Andrés Espinosa Fenwarth
julio 02 de 2014
2014-07-02 03:12 a.m.
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La Alianza del Pacífico se congrega nuevamente en Cartagena de Indias, insólita expresión de otro desaire político y social hacia la ciudad de Buenaventura, supuestamente su ‘capital natural’. En esta ocasión, el naciente esquema de integración se reúne a nivel ministerial con Mercosur, poderoso bloque creado en 1988, compuesto por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. El propósito de este cónclave diplomático consiste en examinar las ocasionales complementariedades de estas dos zonas de libre comercio, de cara al eventual ingreso de Mercosur a la Alianza del Pacífico.

De hecho, como lo manifestó la semana pasada Moisés Naim en una entrevista con el diario Portafolio, “preocupa que el mensaje de la presidenta chilena, Michel Bachelet, sea el de señalar que la relación con Brasil es su prioridad”, como en efecto lo es, lo cual relegaría nuestros intereses en el Pacífico al vagón de atrás. Para Colombia, el azaroso ingreso de Mercosur a la Alianza del Pacífico representa la mayor amenaza comercial de los últimos tiempos, reflejo de la naturaleza de este espejismo mercantil, que no es otra cosa que el ‘Caballo de Troya’ de la nueva apertura.

La verdad es que la Alianza del Pacífico es una ilusión óptica en la cual el Mar de Balboa luce más cercano, cuando, sinceramente, se mantiene muy lejano. La realidad es que este proyecto de integración solo favorece a nuestros socios en la Alianza (Chile, México y Perú), que de manera individual como países, o de forma colectiva como miembros de Apec (Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico), tienen los tratados internacionales requeridos para beneficiarse de la promoción, la facilitación del comercio y las inversiones de los países de la cuenca del Pacífico.

Colombia, por el contrario, no tiene ningún TLC en la región Asia-Pacífico. El Ministerio de Comercio abandonó la idea de negociar con China. Hace pocas semanas, el Congreso Nacional, con la mirada complaciente del Ejecutivo, hundió el tratado comercial con Corea del Sur, a cambio de la aprobación expedita de la Ley que contiene el Acuerdo Marco de la Alianza del Pacífico. Como diría el poeta Valencia, el Gobierno sacrificó un mundo para pulir un verso, con lo cual le cerró la puerta de acceso al país al Asia-Pacífico, que Corea del Sur, nación amiga de Colombia desde hace más de 50 años, nos había abierto durante las negociaciones comerciales.

La evidencia confirma que desde 1995, fecha en la cual Apec rechazó el ingreso de Colombia y nos impuso una moratoria permanente, no hemos desarrollado una vocación creíble y sostenible en el Pacífico. El abandono estatal de Buenaventura es la prueba reina. Cuando la hagamos, podremos beneficiarnos del intercambio y las inversiones con las naciones del Asia-Pacífico, que de manera creciente mueven las palancas del comercio global.

Andrés Espinosa Fenwarth

CEO de Inverdies

andresespinosa@inver10.co

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