Andrés Espinosa Fenwarth
Columnista

Lo bueno, lo malo y lo feo del agro

Lo bueno del agro colombiano es que creció el 6,1% en el primer semestre del 2017, lo malo, el irreflexivo recorte del 37%.

Andrés Espinosa Fenwarth
POR:
Andrés Espinosa Fenwarth
agosto 22 de 2017
2017-08-22 08:48 p.m.
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De acuerdo con el Dane, lo bueno de la agricultura colombiana es que creció el 6,1 por ciento en el primer semestre del 2017, en claro contraste con la recesión industrial del periodo (-1,5 por ciento), el desplome del sector minero-energético (-7,7 por ciento), el deterioro de la construcción (-0,6 por ciento) y el estancamiento del comercio y el transporte (0,2 por ciento). No sorprende, entonces, que el crecimiento del PIB en los primeros seis meses del año sea un mediocre 1,2 por ciento, el más bajo de la presente década.

Ahora bien, el notable comportamiento del agro se explica por el aumento significativo de la producción de cereales (35,7 por ciento), papa (17,7 por ciento), frutas (8,8 por ciento), aceites y grasas vegetales (47,5 por ciento), flores (4,4 por ciento), sumado al favorable desempeño de la avicultura (4,8 por ciento), porcicultura (1,9 por ciento) y lechería (14,3 por ciento), matizado por el decrecimiento de café (-4,1 por ciento), ganado bovino (-6,1 por ciento) y azúcar (-0,4 por ciento), resultantes de la demora en la floración de los cafetos por el exceso de lluvias y el desestímulo oficial a los ganaderos y azucareros colombianos.

Así, es entendible que el saliente ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, Aurelio Iragorri Valencia y sus asesores reclamen como propio el robusto impacto de ‘Colombia Siembra’ en la expansión del agro, sector jalonado por el aumento en el cultivo de 1’159.516 hectáreas, la generación de 307.490 nuevos empleos y la producción adicional de 4’567.835 de toneladas de alimentos.

Lo malo del agro tiene que ver con el irreflexivo recorte del 37 por ciento en el presupuesto sectorial para el 2018, el abultado nivel de importaciones de 6’845.696 toneladas de productos agropecuarios del primer semestre del 2017 y la inversión ociosa no agrícola de 10 billones de pesos en títulos de deuda pública de la Nación por parte del Banco Agrario. Adicionalmente, en opinión de la SAC, “a Colombia Siembra le faltó Colombia Vende” para que los productores no caigan en manos de los intermediarios, como ocurre todos los años en los meses previos a la recolección de cosechas, asunto particularmente agudo en los mercados de arroz y maíz.

Lo feo del agro es la voraz politización del Banco Agrario, Finagro y el ICA –entidades adscritas al silente Ministerio de Agricultura–, que se tradujo, por un lado, en la imputación por parte de la Fiscalía General de delitos de administración desleal a varios funcionarios del Banco Agrario, con motivo del desembolso de crédito por 120 mil millones de pesos a favor de Navelena, filial de la torcida multinacional brasileña Odebrecht; y por el otro, en la suspensión del estatus de país libre de aftosa con vacunación y la pérdida de mercados internacionales, ambas ligadas al contrabando de reses amparadas por la expedición fraudulenta de guías de movilización de animales a cargo del ICA.

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