Andrés Espinosa Fenwarth

Política industrial e innovación

Andrés Espinosa Fenwarth
POR:
Andrés Espinosa Fenwarth
octubre 24 de 2012
2012-10-24 01:28 a.m.
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El acelerado proceso de desindustrialización registrado en Colombia debería tener en alerta máxima a dirigentes gremiales, empresarios y funcionarios del Gobierno.

En los últimos diez años, la participación de la industria nacional en el PIB pasó del 21 por ciento al 12,6 por ciento; el empleo industrial, por su lado, se redujo del 24 por ciento al 12,4 por ciento.

En las minutas del Emisor de la semana pasada, se da la voz de alarma por “el pobre comportamiento de la industria”, reflejo del informe más reciente del Dane, según el cual 24 de los 48 subsectores industriales registraron variaciones negativas durante los últimos 12 meses –hasta agosto de 2012–.

El lamentable desempeño industrial tiende a corroborar la existencia de un deliberado patrón de especialización de la economía colombiana en sus recursos naturales, que presenta, en apariencia, buenos resultados mientras se mantengan elevadas las cotizaciones internacionales del sector mineroenegético.

Ciertamente, estamos en una “coyuntura inmejorable”, como afirma la Coalición para la Promoción de la Industria, para desarrollar una política industrial de nueva generación en Colombia, de largo aliento, orientada a “crear valor agregado en todos los segmentos de la economía nacional y, ante todo, a generar empleo de calidad, enmarcada en el motor de la innovación y el impulso a la ciencia y la tecnología”.

El Consejo Privado de Competitividad sostiene, con sobradas razones, que en Colombia no existe una verdadera política industrial, pese a la tozuda insistencia del Ministerio del ramo en lo contrario; afirma, sin rodeos, que “no existe una política o estrategia de Estado que involucre a todos los actores relevantes”; reconoce, sin embargo, que “existe una cantidad de elementos que podrían eventualmente cobijarse bajo la sombrilla de una política industrial, pero que hoy día son cabos sueltos sin mayor articulación”.

El Consejo hace referencia a más de 80 apuestas productivas que no se hablan entre sí ni aprovechan sus sinergias.

El Consejo elevó, a buena hora, sus apuestas a favor de una política industrial moderna, que define como “el conjunto de esfuerzos por parte de sectores público y privado con el fin de abordar distorsiones que inhiben el cambio estructural”, acciones que podrían “abarcar a cualquier sector de la economía”.

En su diagnóstico de política, identifica dos tipos de distorsiones que impiden que el cambio estructural se perfeccione: las primeras tienen que ver con los problemas de ‘apropiabilidad’ de experiencias que difundan los resultados de la innovación; las segundas se relacionan con ‘fallas de coordinación’ público-privado, que limitan el proceso de implementación del cambio estructural.

El país reclama a gritos una política de Estado de largo plazo, que oriente, apoye y promueva decididamente la industria manufacturera colombiana.

Andrés Espinosa Fenwarth

CEO de Inverdies

 andresespinosa@inver10.co

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