Andrés Espinosa Fenwarth

Ruralidad a la colombiana

Andrés Espinosa Fenwarth
Opinión
POR:
Andrés Espinosa Fenwarth
julio 09 de 2014
2014-07-09 12:48 a.m.
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El Censo Agropecuario y la Misión Rural pueden ser el aporte más importante de la presente administración para el sector agropecuario.

Sus insumos son trascendentales para la elaboración de un diagnóstico actualizado y certero de la compleja problemática del agro nacional.

Y esenciales para la formulación, seguimiento y evaluación de políticas de Estado de carácter multisectorial y territorial, que permitan recuperar el campo y mejorar las condiciones de vida de nuestros campesinos.

La difusión de los resultados del Censo Agropecuario, que se realizará en los próximos meses, llenará un vacío institucional de más de 40 años.

La Misión Rural, por su parte, ha dejado ver su primera impronta, titulada Diagnóstico del campo colombiano, elaborado por la Dirección de Desarrollo Sostenible del Departamento Nacional de Planeación (DNP).

El diagnóstico oficial abarca el desarrollo rural, el sector agropecuario y el marco institucional, elementos básicos para la construcción de la nueva visión del campo colombiano. El análisis del DNP es crudo, serio y aterrizado.

Pretende identificar los motivos por los cuales los asuntos agrícolas dejaron al margen la perspectiva rural para darle paso a un revolcón institucional de largo aliento, que soporte una política estatal equilibrada entre lo agrícola y lo rural.

Los campesinos de nuestro país están sumidos en una trampa de pobreza que viene de atrás, y que podría persistir hacia el futuro de no corregirse el rumbo de la política agropecuaria.

Los hogares rurales tienen menos ingresos que los domicilios urbanos, sufren la expulsión de la población joven, tienen mayores niveles de envejecimiento, baja movilidad social, escasos niveles de escolaridad y notable déficit de bienes y servicios públicos, todo lo cual se traduce en un perverso aumento de la brecha de pobreza y bienestar entre la población rural y urbana.

A lo anterior se suman el deterioro de la seguridad jurídica y el desorden territorial del principal activo productivo del agro: la tierra.

Mientras el 21 por ciento de los predios rurales está ocupado por propietarios formales, el 59 por ciento lo hace en condiciones de informalidad.

En materia de ordenamiento productivo, tan solo el 24 por ciento aprovecha el área agrícola acorde con su vocación productiva; las actividades ganaderas las sobreexplotan en 129 por ciento.

Los factores que impiden usufructuar nuestro potencial agropecuario tienen que ver con los rezagos en competitividad y productividad, resultantes de elevados costos de producción, pobre infraestructura de transporte y logística, falta de articulación de los productores, abuso del poder dominante de los compradores domésticos, baja provisión de bienes públicos sectoriales (riego, investigación aplicada, asistencia técnica, financiamiento, mitigación del riesgo climático, sanidad animal y vegetal), conflicto armado, contrabando, revaluación del peso y ausencia de una adecuada institucionalidad que permita formular, orientar y dirigir las políticas de desarrollo integral del sector agropecuario y rural.

Andrés Espinosa Fenwarth

CEO de Inverdies

andresespinosa@inver10.co

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