Andrés Oppenheimer
ANÁLISIS

El desafío de Barack Obama en Cuba

El presidente podría probar que el contacto con Cuba es más eficaz
para las libertades universales en la isla, que tratar de aislar a ese país.

Andrés Oppenheimer
Opinión
POR:
Andrés Oppenheimer
febrero 22 de 2016
2016-02-22 11:25 p.m.
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Todavía es demasiado pronto para emitir un juicio sobre la decisión del presidente de Estados Unidos de visitar a Cuba. Sin embargo, se puede decir lo siguiente: a menos que Barack Obama lleve a cabo una reunión separada con opositores pacíficos en la isla, su visita no hará mucho más que legitimar la dictadura más larga de la historia reciente del continente.

Obama podría darnos una agradable sorpresa y demostrar que los aspirantes presidenciales republicanos, que automáticamente criticaron su viaje del 21 al 22 de marzo a Cuba, están equivocados. Podría demostrarles a los escépticos que el contacto directo con Cuba es más eficaz para promover la causa de las libertades universales en las isla, que tratar de aislar y castigar a ese país.

Pero a juzgar por las primeras declaraciones de la Casa Blanca, no parece que Obama tendrá una reunión por separado con líderes opositores. El asesor adjunto de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Ben Rhodes, dijo a la prensa que Obama se reunirá con el presidente Gen, Raúl Castro y con “miembros de la sociedad civil, incluyendo aquellos que, sin duda, se oponen a las políticas del gobierno cubano”. Traducción: eso sería una sala llena de gente, incluyendo muchos partidarios del gobierno, donde un puñado de disidentes se perdería entre la multitud.

Una reunión de ese tipo entre Obama y la ‘sociedad civil’ de Cuba sería una farsa. Permitiría a los medios oficiales, de Cuba –los únicos que están autorizados– mostrar la reunión como un encuentro del presidente estadounidense con representantes de todos los sectores de la sociedad, incluyendo ‘intelectuales’ asalariados del gobierno, que serían los únicos que saldrían en la foto.

Claro que la Casa Blanca podría aprovechar la ocasión para tomar una foto de Obama con algunos disidentes en la sala, para consumo interno en Estados Unidos. Pero eso no sería ningún avance, sino más de lo mismo.

En Cuba, por casi 60 años, el clan Castro ha aducido que no existe una oposición política en la isla, y que quienes exigen sus legítimos derechos universales son mercenarios extranjeros. Es por eso que el régimen de Castro exige a los dignatarios visitantes que no se reúnan con líderes opositores, o que sus encuentros sean disfrazados como reuniones más amplias con la ‘sociedad civil’.

Ansiosos de que Obama pase a la historia como el presidente que restauró las relaciones con Cuba, así como Richard Nixon lo hizo con China, los funcionarios de Estados Unidos argumentan que Washington mantiene relaciones normales con muchas dictaduras, como las de China, Vietnam y Arabia Saudita. ¿Por qué habría que tratar a Cuba de manera diferente?, preguntan.

Lo cierto es que hay una gran razón: a diferencia de China, Cuba está en el continente americano, y está sujeta a diversos tratados regionales –incluyendo los estatutos de la Organización de Estados Americanos, anteriores a la revolución cubana, y la Declaración de Viña del Mar de 1996– que exigen a todos los países de la región respetar la democracia representativa y la libertad de prensa.

Además, una visita de Obama a Cuba sin avances en derechos humanos estaría rompiendo la tradición bipartidista estadounidense –desde mediados de 197– de defender los derechos humanos y la democracia en el continente americano.
Esta política bipartidista ha sido seguida por todos los presidentes desde 1976, cuando el expresidente Jimmy Carter decidió acabar con la era vergonzosa en que Estados Unidos apoyaba a los dictadores de Centro y Suramérica.

Mi opinión: Obama tiene razón al decir que el aislamiento de Cuba no ha funcionado y que es hora de probar algo nuevo. Pero si sigue dándole a Cuba todo lo que exige la dictadura de los hermanos Castro, sin empujar los límites de la censura y la represión gubernamental, celebrando una reunión por separado con líderes opositores, como hace cualquier presidente cuando visita cualquier país civilizado, estaría rompiendo con la política bipartidista estadounidense de apoyo a la democracia y los derechos humanos en América Latina. Todavía peor, estaría sentando un precedente para que Estados Unidos vuelva a los días oscuros en que toleraba o apoyaba a los dictadores latinoamericanos. Yo tengo la esperanza de que Obama no cometa ese error.

Andrés Oppenheimer
Periodista - Columnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald

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