Andrés Oppenheimer
análisis

Estados Unidos les regala una excusa a Cuba y Venezuela

La explicación más probable es que la decisión de ausentarse de la CIDH sea fruto de la improvisación y la falta de experiencia del gobierno de Trump.

Andrés Oppenheimer
Opinión
POR:
Andrés Oppenheimer
marzo 27 de 2017
2017-03-27 07:40 p.m.
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La inusual decisión del gobierno del presidente Donald Trump de boicotear varias sesiones de la respetada Comisión Interamericana de Derechos Humano[TEMASUM]s (CIDH) fue un serio error que debilitará los esfuerzos de Estados Unidos por condenar a Cuba, Venezuela, Ecuador y otros abusadores de los derechos humanos.

La administración informó a la CIDH, con sede en Washington, que no participaría en tres audiencias sobre las órdenes ejecutivas del presidente Trump sobre inmigración que se llevaron a cabo el martes de la seman pasada, como parte de una revisión de casos de derechos humanos en países de todo el hemisferio.

“Esta es la primera vez, en por lo menos veinte años, que Estados Unidos no se presenta”, me dijo el presidente de la CIDH, Francisco Eguiguren, después de las audiencias del 21 de marzo. “Realizamos audiencias sobre temas de Estados Unidos, como de otros países, prácticamente todos los años”.

La decisión de la administración Trump de no participar en las audiencias colocó a Estados Unidos en la misma categoría que Cuba y otros abusadores sistemáticos de derechos humanos, que a menudo boicotean las audiencias de la CIDH, me dijeron otros funcionarios de la Comisión.

La CIDH, un organismo independiente de la Organización de Estados Americanos, ha emitido varios informes criticando los abusos a los derechos fundamentales de Cuba, Venezuela, Ecuador y varios otros regímenes autoritarios izquierdistas y derechistas. Muchos de ellos, la acusan, sin fundamentos, de ser una herramienta del “imperialismo yanqui”.

Cuando se le preguntó sobre las razones de la ausencia de Estados Unidos, Mark Toner, portavoz del Departamento de Estado, dijo que el gobierno de Estados Unidos tiene “un tremendo respeto” por el papel de la CIDH, pero que “no es apropiado que Estados Unidos participe en estas audiencias mientras existan juicios sobre estas cuestiones en los tribunales de EE. UU”.

Eso es una tontería, dicen los defensores de los derechos humanos. Prácticamente, todas las cuestiones ante la CIDH son objeto de litigio en sus respectivos países. Si no lo fueran, no serían llevadas a la Comisión, dicen.

“Es un pretexto absurdo”, me dijo José Miguel Vivanco, jefe de la división de las Américas de la organización Human Rights Watch. Añadió que Estados Unidos, al igual que la mayoría de los demás países, debería comparecer ante la CIDH.

Lo que es peor, la ausencia de Estados Unidos en las sesiones sienta un pésimo precedente, porque equivale a darles luz verde a los regímenes autoritarios para que hagan lo mismo, dijo Vivanco. La próxima vez que un régimen represivo latinoamericano decida no presentarse en una audiencia de la CIDH que considere injusta, argumentarán que Estados Unidos hace lo mismo, agregó.

“Esto reduce mucho la credibilidad y legitimidad de la administración Trump en temas de derechos humanos”, dijo Vivanco. Además de ser un símbolo de arrogancia, la decisión del gobierno de Trump fue el equivalente a un regalo político a Cuba y otros regímenes que boicotean a la CIDH, agregó.

Muchos diplomáticos se están preguntando cuál es el sentido de que Trump hable con los presidentes de Brasil y Chile sobre Venezuela, presumiblemente para intercambiar opiniones sobre la mejor forma de lograr que se celebren elecciones libres en ese país, y al mismo tiempo socave a la CIDH, dándole argumentos al régimen venezolano en contra de Estados Unidos.

Mi opinión: la explicación más probable es que la decisión de ausentarse de la CIDH sea fruto de la improvisación y la falta de experiencia política que caracterizan al gobierno de Trump, y del hecho de que todavía no hayan nombrado a un subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos.

Seamos realistas, el Departamento de Estado de Trump es un barco a la deriva. El secretario de Estado Rex Tillerson, que no tiene experiencia previa en el gobierno, es un funcionario poco visible que está ocupado tratando de salvar lo que pueda del 30 por ciento de recortes de fondos para el Departamento de Estado que ha solicitado Trump.

Tillerson todavía no ha podido nombrar un segundo a bordo –su candidato fue rechazado por la Casa Blanca– y aún tiene que nombrar jefes de los departamentos regionales, incluyendo el que maneja asuntos latinoamericanos. Y en este limbo político, se cometen errores absurdos, como el de esta semana ante la CIDH.

Andrés Oppenheimer
Periodista - Columnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald.

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