Andrés Oppenheimer

Las diatribas de Donald Trump golpean a América Latina

Es hora de que Trump trate de fortalecer, en lugar de debilitar, las economías latinoamericanas.

Andrés Oppenheimer
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Andrés Oppenheimer
enero 19 de 2017
2017-01-19 08:08 p.m.
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Cuando la gente me pregunta si Donald Trump será bueno o malo para América Latina, suelo responder que hasta ahora ha sido malo, porque su discurso agresivo contra México y sus arengas contra el libre comercio están ahuyentando las inversiones en la región. Esta semana, el Fondo Monetario Internacional (FMI) confirmó parcialmente mis temores.

En su primer pronóstico económico del 2017, el FMI dijo que la economía mundial aumentará su ritmo de crecimiento a 3,4 por ciento este año y 3,6 por ciento en el 2018.
Pero la excepción será América Latina, señaló. El organismo multilateral reviso a la baja sus anteriores proyecciones económicas para Latinoamérica, diciendo que la región crecerá 1,2 por ciento este año y 2,1 por ciento en el 2018. Además de un crecimiento más lento de lo esperado en Brasil y Argentina, el FMI citó lo que describió diplomáticamente como “un aumento de los vientos en contra por la incertidumbre relacionada con las políticas de Estados Unidos en México”.

Curioso por saber más, llamé a Alejandro Werner, jefe del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, y le pregunté sobre el impacto económico de las promesas de Trump de construir un muro en la frontera con México, revisar el tratado de libre comercio con México y Canadá y aniquilar el Acuerdo de Asociación TransPacífico de 12 países que incluye a Japón, México, Perú y Chile.

Werner me dijo que es prematuro hablar de un impacto psicológico negativo en toda la región, porque varios países, como Brasil, no han crecido más por razones internas. Pero agregó que las propuestas de Trump ya han afectado a las inversiones de México, la segunda mayor economía de la región, y podrían afectar a Centroamérica. Alrededor del 80 por ciento de las exportaciones mexicanas van a Estados Unidos, y Centroamérica depende, en gran medida, de las remesas familiares de sus migrantes en Estados Unidos.

“El solo hecho de que haya incertidumbre sobre la futuras políticas comerciales de Estados Unidos lleva a muchas empresas a posponer sus inversiones en México”. “Está frenando las inversiones”, sostuvo Werner.

Los planes económicos de Trump también están presionando hacia arriba las tasas de interés de Estados Unidos, dijo Werner. Eso puede afectar las inversiones en los países latinoamericanos y les hace más costoso obtener préstamos extranjeros.

Cuando le pregunté cuál sería el mejor escenario para América Latina bajo Trump, Werner dijo que si la economía de Estados Unidos crece, ya sea por políticas económicas saludables o por medidas populistas de corta duración, los exportadores de productos básicos de América Latina se beneficiarán. “Si hay más construcción de infraestructura en Estados Unidos, eso ayudará a los exportadores latinoamericanos de acero, cobre y otros productos”, dijo Werner.

Otros economistas ven otra posible ventaja para la región: si Trump decidiera concentrar sus políticas proteccionistas en China, en lugar de México, y colocar tarifas de importación más altas sobre los productos chinos que sobre los mexicanos, muchos fabricantes podrían decidir mudarse de China a México y otros países latinoamericanos, dicen.

Mi opinión: las diatribas de Trump contra el libre comercio –“nos están matando”– y sus amenazas de aumentar dramáticamente las deportaciones de indocumentados ya han tenido un impacto económico negativo en América Latina.

Es hora de que Trump trate de fortalecer, en lugar de debilitar, las economías latinoamericanas. Tiene que pasar de la ‘tuitocracia’ a la diplomacia. De lo contrario, su demagogia populista será contraproducente: provocará una crisis económica en México y en otros países, que resultará en una mayor migración ilegal a Estados Unidos, más narcotráfico y un nuevo brote de sentimiento antiestadounidense.

Posdata: la decisión de cerca de 60 legisladores estadounidenses de boicotear la toma de posesión de Trump es un error. Es cierto que Trump ganó, en parte con la ayuda de Rusia y del director del FBI, y que durante cinco años el propio Trump encabezó una campaña repugnante para deslegitimar al presidente Obama, afirmando –falsamente– que nació en Kenia, pero hasta el momento ninguna rama del gobierno estadounidense ha declarado a Trump ilegítimo. Mientras eso no ocurra, hay que aceptar que, nos guste o no, Trump ganó las elecciones.

Andrés Oppenheimer
Columnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald.

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