Augusto Galán Sarmiento

El acuerdo de paz (I)

Augusto Galán Sarmiento
POR:
Augusto Galán Sarmiento
junio 18 de 2013
2013-06-18 05:20 a.m.
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El sector salud en Colombia requiere un acuerdo de paz, un pacto de reconciliación. Necesitamos recuperar el respeto y la confianza que se han perdido. Para llegar a él, debemos aceptar la verdad de lo ocurrido en los últimos 20 años. No tenemos el mejor modelo de salud del mundo, pero tampoco el desastre que algunos han querido promulgar. Los avances y logros, así como las deficiencias y limitaciones que tiene el sistema, son producto de la acción de todos.

Por eso debe desaparecer esa especie de maniqueísmo de muchos, que les conduce a señalar los errores exclusivamente en los demás y a ello, como los poseedores de la verdad y los aciertos que le aceptan al sistema. El problema radica en que cada uno quiere oírse desde ‘su’ verdad, sin examinar siquiera la ‘del otro’. No se escucha, pero tampoco se quiere escuchar.

Reconocer la existencia ‘del otro’ es necesario para que opere un modelo de salud en el cual los diferentes agentes son suplementos y complementos unos con otros. Sin embargo, parece que la única opción que algunos encuentran supone la desaparición de quien ven como un posible contradictor. Las estructuras de los sistemas de salud del mundo no se sustentan en verdades absolutas. Eso sí, la responsabilidad que tenemos ante la sociedad es incondicional.

Ese debería ser el punto de partida en un acuerdo de paz sobre lo esencial para la existencia de un sistema de salud. La responsabilidad que siempre existirá de mantener una población lo más sana posible, a la que se le satisfaga el derecho básico y no absoluto a la salud. Esto, que se sabe obvio, se pierde del norte de las discusiones cuando se pretende darles gusto a las ‘verdades’ de unos pocos, que intentan cooptar las instituciones para sus intereses. Confíamos en que el Gobierno no cederá ante esas presiones.

En ese acuerdo de paz se requiere contemplar la participación del sector privado en la operación del sistema público de salud que tenemos en Colombia. Los últimos 20 años han demostrado su necesaria presencia para incrementar la calidad, la eficacia y la productividad del sector. Ahora bien, la especie de maniqueísmo que acompaña a algunos no puede llevar a que el Congreso apruebe la presencia del sector privado en la prestación de los servicios, pero no en la gestión de los riesgos en salud. Los incentivos correctos a la participación privada deben permear toda la cadena de salud y no solo algunos aspectos.

Esa participación privada requiere una rectoría fuerte desde el Estado para establecer esos incentivos correctos y evitar que se desborde. La OMS/OPS señala seis áreas a la rectoría de cualquier sistema: conducción; regulación y fiscalización; modulación de la financiación; garantía del aseguramiento; armonización de la provisión de servicios y las funciones esenciales de la salud pública. Los decretos que reestructuraron el Ministerio, el Invima y el INS se dispusieron en armonía con esas dimensiones, con las funciones y facultades correspondientes a cada una. Pendiente está ensamblar a la Superintendencia de Salud en ese marco rector.

El pacto requiere el compromiso para establecer un plan de beneficios al cual accedamos todos los colombianos de manera equitativa. Esto presupone su sostenibilidad financiera, la que no puede alejarse de nuestras realidades socioeconómicas. No existe un sistema de salud en el mundo que implícita o explícitamente deje de priorizar la oferta de prestaciones, dando prelación a las que mayor eficacia y mejor costo demuestren.

Faltan puntos que vendrán en otra entrega. El acuerdo de reconciliación que se plantea precisa de la valentía para reconocer al otro, de la voluntad de todas las partes, y de comprender que este servicio público va más allá de atender unas prestaciones en salud, y compromete, en su esencia, el desarrollo del país.

Augusto Galán Sarmiento

Exministro de Salud

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