Augusto Galán Sarmiento
columnista

Salud mental y capital social

Una parte muy importante del capital social, depende de la responsabilidad con la que los dirigentes asuman la resolución de las diferencias.

Augusto Galán Sarmiento
POR:
Augusto Galán Sarmiento
julio 17 de 2017
2017-07-17 08:56 p.m.
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Alarman los resultados del último informe Forensis de Medicina Legal. El 30 por ciento de los homicidios suceden en días y momentos de ocio y recreación, y la violencia intrafamiliar viene en aumento. El año pasado 123.298 personas fueron víctimas de lesiones; en 62,1 por ciento de los casos el agresor era un familiar, conocido o amigo de la víctima. Las riñas se mantienen como un problema capital. Es posible que toda esa violencia estuviera oculta por el impacto del conflicto armado y ahora se hace evidente cuando este va desapareciendo.

Ante esos resultados, podemos encontrar respuestas en la Encuesta Nacional de Salud Mental (ENSM). Porque esta también se halla relacionada con aspectos como la convivencia, las relaciones interpersonales respetuosas, equitativas y solidarias, el sentido de pertenencia, el reconocimiento de la diferencia, la participación en el logro de acuerdos, el ejercicio de los derechos humanos, que buscan el bien común y el desarrollo humano y social. La política nacional reitera la faceta positiva de estos aspectos, entre ellos los de cohesión y coherencia sociales, participación, relaciones socio-afectivas, oportunidades de crecimiento personal, felicidad y satisfacción con la vida.

Porcentajes altos de las personas encuestadas en la ENSM ofrecen una auto-percepción deseable; se miran bien a sí mismos: “aprecian la vida, a pesar de las dificultades, piensan antes de actuar, disfrutan de lo cotidiano, ayudan a los que sufren, gozan igualmente de dar o recibir ayuda”. El mismo estudio señala que “… esas representaciones ideales muestran fisuras al elegir, a la par, respuestas sobre obtener lo que se pretende sin importar las consecuencias y a todo costo; o vinculadas con la anulación de los sentimientos, la desconfianza y la distancia emocional” .

Los nexos con los vecinos son los peor valorados por todos los grupos. Al promediar los porcentajes, uno significativo, superior al 33% de los entrevistados, señala que “las únicas personas que me interesan son las de mi familia”. Alrededor del 40% dice que “la gente puede hacer lo que quiera, pero yo solo me relaciono con gente parecida a mí”. Un porcentaje cercano al 80% manifiesta que “si no logro lo que quiero, insisto. No importa el precio”. Algo más del 20% responde que “la vida me ha vuelto tan duro que a mí ya no me duele nada”, cifra que se incrementa con la edad de los entrevistados. Un dato semejante responde que “si alguien busca pelea conmigo, la encuentra”, pero en esta respuesta el incremento de la cifra se halla en los menores de edad, en quienes pasa del 30%. Es de resaltar la afirmación que “nunca se contaría con un apoyo en caso de dificultades o problemas”, la cual también aumenta con la edad.

Como lo mencioné en artículo publicado en Portafolio, la paz sin capital social es prácticamente imposible. Refería entonces que estudios científicos sobre este, la confianza institucional y el control indirecto del Estado nos muestran que en estas materias atravesamos muchas vicisitudes y los retos son grandes.

Por eso es preocupante el ejemplo que ofrecen algunos dirigentes políticos, empresariales e incluso gremiales; porque con su manera de actuar y proceder públicamente, reafirman varias de las respuestas que se encuentran en la encuesta de Salud Mental. Hay demasiada violencia verbal y agresividad de parte de muchos de ellos.
Además, las mentiras y tergiversaciones pueden inducir comportamientos violentos.
Algunos de esos dirigentes están más dispuestos a la imposición de sus ideas, que al diálogo civilizado de las diferencias. Lo que hemos visto en las redes sociales en el último tiempo, no es otra cosa que una expresión de esas respuestas dadas en la ENSM.

Una parte muy importante del capital social que este país requiere, depende de la responsabilidad con la que los dirigentes asuman la resolución de las diferencias; que no puede ser de otra forma que mediante el diálogo respetuoso. Esta sociedad solo progresa en paz, con mayor inteligencia emocional, mejor salud mental, más información y transparencia, justicia efectiva y mayor participación ciudadana. A no ser que, justamente, esto sea lo que no desean esos dirigentes.

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