De un plumazo...

Augusto Solano
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Augusto Solano
marzo 22 de 2012
2012-03-22 03:21 a.m.

Cada vez que el Banco de la República aumenta la tasa de intervención y amplía el diferencial de tasas de interés con EE. UU., borra de un plumazo el esfuerzo de los exportadores colombianos y de los empresarios que compiten con productos importados.

Para nadie es un secreto que cuando aumenta la tasa, los especuladores financieros hacen lo que se conoce como el Carry Trade: prestar en dólares al 0,75% y traer ese dinero a Colombia a ganar intereses del 5,23% o más.

Esto genera una masiva entrada de dólares por parte de actores que se mueven rápido y terminan afianzando el dólar barato y obteniendo enormes ganancias que salen del país.

Estos capitales, llamados ‘golondrina’, son capitales meramente especulativos, que no establecen unidades productivas y no generan empleos estables, como en el caso de la inversión extranjera directa.

El efecto de la revaluación se refleja principalmente en el costo laboral.

Las variaciones en la tasa hacen que el costo laboral expresado en dólares, cambie continuamente. Una revaluación persistente hace que nuestra mano de obra sea cada vez más costosa y menos competitiva.

Si bien, las mejoras en la productividad laboral sirven de atenuante al efecto mencionado, nunca alcanzan a compensar la prolongada y profunda revaluación que ha sufrido el país.

Algunas actividades, intensivas en capital y con bajo uso de mano de obra, pueden enfrentar mejor un proceso de revaluación.

Sin embargo, los sectores exportadores intensivos en mano de obra, como la floricultura, deben asumir incrementos del costo laboral casi siempre por encima de la inflación.

Este componente de sus costos no es negociable, no es sustituible por importaciones y exige un flujo de caja quincenal que no se puede incumplir. El aumento del 5,8% que se acordó este año para el salario mínimo, por efectos de la revaluación en lo corrido del 2012, se ha encarecido en 10%.

Es decir, un salario mínimo mensual, que el 31 de diciembre del 2011 equivalía a US$292, a marzo 20 de 2012 ya era de US$323.

En los últimos 9 años, por efecto de la revaluación, el salario mínimo en dólares ha pasado de US$115 a US$323, afectando la competitividad de los ramos exportadores intensivos en mano de obra.

El Emisor ha centrado su política en el manejo de la tasa de interés y en algunas ocasiones ha intervenido el mercado con compras de dólares en montos que ya parecen muy bajos.

Existen otros mecanismos para controlar el circulante y por tanto la inflación, como los encajes bancarios o controles a la entrada de capitales como los usados por Perú y Brasil. No hay una institución con mejor capacidad para establecer un paquete de medidas innovadoras y efectivas en este campo que el mismo Banco, en su calidad de autoridad cambiaria.

Los indicadores macroeconómicos agregados son magníficos, pero esconden la dramática realidad de algunos sectores, principalmente exportadores, que generan empleos formales y que no participan de la fiesta minera, petrolera y financiera, de una situación que no es otra que la famosa ‘enfermedad holandesa’, que no se ha querido reconocer.

El Banco sabe que lo miden por las cifras agregadas y por el control de la inflación. Por eso, al final no importa borrar de un plumazo un esfuerzo exportador de más de 40 años, que como la floricultura, sigue siendo la envidia de muchos países que estarían encantados de quedarse con los mercados que Colombia ha desarrollado.

Augusto Solano M.

Presidente de Asocolflores

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