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Baja calificación en Europa: ¿realmente importa?
febrero 1 de 2012 - 11:57 pm
Ante el anuncio Stand & Poor’s, las tasas de los bonos soberanos de los países más afectados, como Italia y España, apenas subieron 4 puntos básicos y muchas plazas bursátiles cayeron levemente e incluso un par, Londres y Fránkfurt, subieron.
El pasado 13 de enero, la agencia clasificadora de riesgos Stand & Poor’s (S&P) anunció la baja en la clasificación de varios países europeos.
Francia y Austria perdieron la categoría máxima (AAA) y bajaron un nivel a AA+. España descendió dos escalones, de AA- a A, al igual que Italia, que pasó de BBB+ desde A.
El rating de Portugal cayó bajo el límite de grado de inversión, de BBB- a la llamada categoría ‘basura’ de BB.
Como si fuera poco, S&P puso en perspectiva negativa (es decir con una probabilidad de 1 a 3 de una nueva baja antes del fin del 2013) a Austria, Bélgica, Francia, Irlanda, Italia, Holanda, Portugal y España.
En otras palabras, que las cosas pueden ponerse peor.
Muchos analistas financieros –incluyéndome– anticipaban una brutal reacción del mercado. La respuesta del euro daba pie para pensarlo, al cerrar ese viernes casi 2 por ciento más abajo del máximo del día.
Todo apuntaba a un verdadero ‘lunes negro’.
Nada de eso ocurrió. Si bien la reacción inicial en Asia fue la esperada –con caídas en las bolsas de Japón y China superiores al 1 por ciento– la reacción en Europa fue bastante moderada. Las tasas de los bonos soberanos de los países más afectados (Italia y España) apenas subieron 4 puntos básicos (0,04 por ciento). Muchas plazas bursátiles apenas cayeron e incluso un par (Londres y Fránkfurt) subían.
¿Por qué tan poca reacción ante una noticia similar a la que desplomó al mercado accionario de EE. UU. en agosto del 2011, cuando este perdió el grado de clasificación? Apenas algunas semanas atrás, por noticias mucho menos negativas, los mercados reaccionaban con pánico.
Paradójicamente, eso sí, la propia deuda soberana norteamericana era el único instrumento que subía en valor. A pesar de la baja en clasificación, seguía siendo el activo de refugio.
Es cierto que la hora del anuncio ayudó, pues el lunes siguiente el mercado americano estaba cerrado por ser día festivo.
Pero algo esencial había cambiado. Pareciera que para muchos inversionistas el cambio de año tiene atributos mágicos, el querer hacer ‘borrón y cuenta nueva’ con respecto a las inversiones, pese a un 2011 de mucha volatilidad y retornos negativos.
El cambio de folio no resolvió la crisis de deuda de Grecia o Portugal, no arregló la burbuja especulativa de bienes raíces en China ni redujo las tensiones entre EE. UU. e Irán, pero el “efecto negro” se dejó sentir con una proporción mayor a lo habitual de retornos positivos.
Pero esta vez, pareciera haber algo adicional.
Algo distinto a como el mercado reacciona frente a las clasificaciones de riesgo y variaciones a ella. Por un lado, la reputación de las clasificadoras de riesgo quedó bastante enlodada después de la crisis subprime y nunca se ha recuperado del todo.
Sin embargo, S&P sí fue capaz de generar bastante ruido cuando decidió aplicar la rebaja a EE. UU. en agosto pasado.
En el rebaje europeo, S&P advierte que las autoridades no solo deben aplicar medidas de ajuste fiscal, sino corregir los crecientes desequilibrios externos y divergencias de competitividad entre los países del “núcleo” versus los “periféricos”. En otras palabras, S&P está cuestionando la viabilidad de la Eurozona, en su composición actual, como un obstáculo para que los países rebajados vuelvan a recuperar sus credenciales.
Aun así, el mercado no se dio por enterado. Es más, varias fuentes consultadas apuntan a que las clasificadoras, una vez más, reaccionan tarde a eventos que los mercados ya se han encargado de reflejar en los precios con semanas e incluso meses de anticipación.
El mejor ejemplo es la deuda de Italia, que ya se negociaba cerca del 7 por ciento, tasa más apropiada para un emisor BBB+ que uno A+. Es también el caso de los bonos portugueses, transándose a tasas sobre el 10 por ciento, ya reflejaba su categoría de “bono basura”.
¿Se pueden descartar, entonces, las clasificaciones de riesgo como algo espurio o al menos inútiles? No tan rápido. La baja de clasificación de los países europeos tiene varios daños colaterales, algunos de ellos no necesariamente reconocidos de manera plena por los mercados. Por ejemplo, este lunes S&P bajó de clasificación al fondo europeo de estabilidad financiera (EFSF) de AAA y AA+, debido a la rebaja de la mayoría de sus países garantes. Si bien el fondo ha sorteado con éxito el refinanciamiento de su deuda de corto plazo, hay dudas respecto a plazos más largos (también debido a que el fondo será reemplazado por uno permanente en julio).
Palabras mayores es el impacto de la baja de clasificación sobre los bancos europeos, importantes tenedores de la deuda de sus países y de otros de la Eurozona. En particular, afecta adversamente los requisitos de capital de estos, ya que papeles más riesgosos demandan que el capital del banco sea mayor para cumplir con los índices de Basilea.
En el caso de los bancos españoles, por ejemplo, el costo de capital de tener deuda soberana pasó de 0 a 1,6 por ciento.
Es decir, para cumplir con el requisito de capital del 8 por ciento, el banco pasó a tener que aportar capital de 0 a 1,6 euros por cada 100 euros en deuda gubernamental. En el caso de los bancos italianos, el costo de capital de bonos gubernamentales pasó de 1,6 a 4 por ciento. Portugal, de 4 a 8 por ciento. Si los bancos ya estaban complicados con las situaciones propias de cada país, se les acaba de agregar una dificultad de proporciones. Parece que el mercado recién está reparando en ello.
La baja de clasificación puede todavía ser la causa de un ‘lunes negro’, que aún está por venir.
Axel Christensen
Director Ejecutivo BlackRock Sudamérica
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