Beethoven Herrera Valencia
análisis

China: la nueva ruta de la seda

En el 2013, China lanzó un ambicioso plan para conectar economías a través de Eurasia y África Oriental mediante inversiones en infraestructura.

Beethoven Herrera Valencia
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Beethoven Herrera Valencia
febrero 12 de 2017
2017-02-12 11:55 a.m.
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La primera proyección de China hacia el oeste ocurrió en el siglo II a.C. en la dinastía Han, cuando el imperio chino desarrolló la ruta de la seda para el comercio con Asia Central y el Mediterráneo, pero la caída del impero mongol y el aumento del comercio marítimo europeo la tornaron obsoleta. En siglo XV, las expediciones marítimas del almirante Zheng He, conectaron la dinastía Ming de China con los Estados del litoral del Océano Índico, y después de tres décadas se retiró la flota de Zheng y dedicaron su atención a los vecinos del este y sur de China.

A partir del 2013, China lanzó un ambicioso plan para conectar economías a través de Eurasia y África Oriental mediante inversiones en infraestructura, conocidas como el Belt and Road Initiative (B&R), para apoyar a países asiáticos que carecen de capacidad para llevar a cabo grandes proyectos de infraestructura, conectándolos por medio de una red de aeropuertos, puertos de aguas profundas, redes de fibra óptica, carreteras, ferrocarriles, oleoductos y gasoductos. El plan trata de revertir la desaceleración económica que vive el gigante asiático y pretende, mediante la construcción de esa infraestructura, generar nuevos mercados para las empresas chinas, así como impulsar la recuperación de sus bancos y compañías que enfrentan dificultades.

Este proyecto busca rediseñar Eurasia como nuevo centro de poder y de estabilidad regional, y se extenderá desde el Pacífico hasta el corazón de Europa, incluirá 4 billones de dólares en inversiones durante las próximas tres décadas, y vinculará a países que representan el 70 por ciento de las reservas de energía del mundo. ¡El primer tren chino de carga ya llegó a España, atravesando Asia y Europa!

El plan tiene dos partes fundamentales: la primera es una serie de corredores económicos terrestres que China ha denominado ‘corredor económico de la ruta de la seda’, y la segunda, es la ‘Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI’, que atravesará el mar del sur de China, el Océano Índico y el mar Mediterráneo. El primero conectará el noreste de China con Mongolia (rica en energía) y Siberia por medio de una red ferroviaria moderna, y el corredor económico entre China y Pakistán, conectará la región occidental china de Xinjiang con el puerto de aguas profundas de Gwadar, en el Mar Arábigo.

Los costos del proyecto, han sido asumidos por las empresas chinas de construcción e ingeniería, respaldadas por el gobierno chino, y la financiación se hace a través del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), el Fondo de Ruta de la Seda y el Banco de los Brics. Aunque algunos críticos temen que no todos los proyectos logren ejecutarse, y creen que se trata de una estrategia pacífica de expansión de China y de fortalecimiento de su presencia en el comercio mundial, no cabe duda de que estos proyectos serán la hoja de ruta de la política económica del gigante asiático en el futuro próximo.

Independientemente de que todos los proyectos logren concluirse, las inversiones y las obras ya han comenzado, y sorprende la subestimación que hay desde occidente y, en particular, en EE. UU.. Cabe recordar que cuando países europeos (Alemania, Reino Unido, Italia y Francia) aceptaron participar en la fundación del BAII, Washington expresó su oposición, la cual fue desestimada por dichas naciones, las cuales parecen asumir como inevitable la presencia económica de China en Europa.

Esta postura pasiva y agresiva por parte de EE. UU. hacia la estrategia china es, desde todo punto de vista, insuficiente, pues se automargina de un proceso que rediseñará el espacio económico de Asia y Europa; y hay quienes creen que Estados Unidos debería promover la participación de sus empresas en dichos proyectos.

La coincidencia de los candidatos –en la elección presidencial en Estados Unidos–, en oponerse a la ratificación del Tratado Transpacífico de Asociación (TPP, por sus siglas en inglés), ha dejado el campo abierto para que China impulse su propia iniciativa en Asia, excluyendo a Estados Unidos. Y las amenazas del presidente Trump de enfrentar a China en el campo comercial, permiten prever un escenario de confrontación de indudable impacto geopolítico, lo cual podría ir contra EE. UU. si se observa que Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas, su aliado tradicional en la región, ha dado pasos claros de distanciamiento de Estados Unidos y acercamiento a China, incluso, a pesar del fallo del Tribunal de Arbitraje a favor de Filipinas en la demanda contra China por sus acciones en el mar del sur del gigante asiático.

En ese proceso de reacomodamiento hay que señalar la preocupación de Rusia por el acercamiento de China al Estado exsoviéticos. India reconoce la importancia de las obras iniciadas por China, pero le preocupan las estrechas relaciones con Pakistán y con naciones vecinas a India como Bangladesh, Maldivas y Sri Lanka. Y en el Oriente Medio, los estados del golfo pondrán resistencia al papel que pueda llegar a tener Irán como paso terrestre obligado entre Asia Central y Europa. Un rediseño de la economía de Asia y Europa ha comenzado, y Occidente parece no darse cuenta.

Beethoven Herrera Valencia
Profesor de las U. Nacional y Externado.
Colaboración de Erin Ross Ramos.

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