Beethoven Herrera Valencia
columnista

Estados Unidos vs. China: algo más que comercio

China ha sido altamente beneficiada por la liberalización económica, y ahora el debate se extiende al tema de la transferencia obligada de tecnología.

Beethoven Herrera Valencia
POR:
Beethoven Herrera Valencia
julio 22 de 2018
2018-07-22 04:05 p.m.
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Lo que Trump y su entorno no llegan a reconocer es que la ‘deslocalización’ o traslado de plantas desde Occidente a Asia, y especialmente a China, se inspiró en el atractivo de la abundancia de mano de obra laboriosa y barata, además de la ausencia de controles ambientales y la inexistencia de huelgas. Pero ese proceso de ‘carrera hacia el fondo’ o ‘dumping social y laboral’, que parecía tan rentable, permitió a China, en menos de medio siglo, llegar a ser la segunda economía del mundo y primera en inteligencia artificial.

Es gracias a la producción con costos más baratos en China que sus productos llegan a Estados Unidos a menores precios, y esto ha permitido mantener baja su inflación. Pero, adicionalmente, otro aspecto –no mencionado– es el altísimo nivel de ventas de las empresas estadounidenses en el gigante asiático, que se verían seriamente afectadas con una guerra económica generalizada.

Las ventas de GM, Nike, Starbucks, Ford entre otras, superan el déficit de Estados Unidos con China, pero no aparecen en la balanza exterior.

Las subsidiarias estadounidenses en China vendieron 221.900 millones de dólares en el 2015 y ocuparon 1,7 millones de trabajadores, mientras que las ventas de empresas chinas en Estados Unidos son marginales.

Si una guerra comercial se declarara, no sería impensable que los consumidores chinos boicotearan productos de Estados Unidos como lo han hecho en el pasado en conflictos con Japón y Corea del Sur. Por ejemplo, un sector sensible sería el turismo, que en el 2016 llevó más divisas a Estados Unidos que sus exportaciones de soja, frijol y maquinaria eléctrica. China podría aplicar medidas sanitarias, controles de seguridad e impuestos; retrasar importaciones o estimular el boicot a productos extranjeros. (James Kynge. Portafolio 23-24/06/18).

Estados Unidos ha establecido como estrategia de financiamiento fiscal, suplir con el ahorro del mundo la pérdida de ingresos fiscales internos por la recurrente tendencia a rebajar impuestos a las grandes corporaciones, práctica que Trump ha mantenido y ahondado.

El mundo subsidia, así, aventuras militares como la de Irak, calculada por Joseph Stiglitz en tres trillones de dólares. China ha sido el mayor comprador de títulos públicos de Estados Unidos y la suma acumulada supera los tres trillones de dólares; bastaría que China no comprara nuevos títulos, o pusiera en venta los que tiene, o anunciara que revisará esa práctica, para que el financiamiento público de Estados Unidos tuviera severos problemas.

De modo que, si efectivamente Trump quisiera defender la soberanía de su país, debería hacer tributar más y gastar menos, sobre todo el dinero ajeno, y ojalá no en guerras.

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