Beethoven Herrera Valencia
Análisis

Joseph Stiglitz: el euro es el culpable

En su libro, trata de demostrar que para salvarlo se debe avanzar hacia un euro flexible y una Europa más social.

Beethoven Herrera Valencia
Opinión
POR:
Beethoven Herrera Valencia
septiembre 18 de 2016
2016-09-18 05:01 p.m.
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El lanzamiento del libro El euro: cómo una moneda común amenaza el futuro de Europa, de Joseph Stiglitz, ha desencadenado un intenso debate, porque, además, de la reiteración de sus duras críticas a las políticas europeas, hay controversia acerca de la viabilidad de sus propuestas.

Stiglitz sostiene que el euro tiene fallas desde su origen, al establecer un tipo de cambio fijo y una sola tasa de interés, lo cual impide devaluar en casos de crisis, y cree que debió ser acompañado de emisión conjunta de bonos, apoyo mutuo de depósitos y seguro común de desempleo. Por el contrario, los efectos más graves han caído sobre países individuales como Grecia, con aumento de impuestos y recortes salariales, reduciendo el ingreso nacional en una cuarta parte desde el 2007 y elevando el desempleo a 24 por ciento.

Stiglitz reitera las críticas a los diseñadores de las políticas, que no han logrado superar la crisis, y se aleja de los enfoques alemanes de ‘culpar a las víctimas’, pues cree que los elevados superávits de Alemania son la contracara de los déficits de España, Portugal y Grecia. También recuerda la tesis keynesiana, de gravar los excedentes de los países superavitarios para hacer sostenible el comercio, pero es complaciente al soslayar los errores de los países en crisis.

En sus 300 páginas, Stiglitz trata de demostrar que para salvarlo se debe avanzar hacia un euro flexible y una Europa más social, con un fuerte sistema de distribución de las cargas, armonización fiscal, sistema fiscal progresivo, red de seguridad social compartida y políticas industriales. Pero algunos medios han criticado lo que consideran un lenguaje panfletario y la recurrente autorreferencia a textos precedentes del mismo autor.

Robert Mundell elaboró en los años 60 la teoría de las Áreas Monetarias Óptimas, y estableció como condiciones previas la alta movilidad de los factores productivos, la concordancia de los ciclos económicos entre los países, las trasferencias fiscales significativas y las preferencias colectivas homogéneas de los ciudadanos. Resulta evidente que el proceso europeo no cumple todas esas condiciones, pues si bien se llegó a la movilidad de bienes, servicios, capitales y personas, los ciclos económicos no han sido coincidentes y justamente la bonanza alemana coincide con la crisis de los países mediterráneos. Y la libre movilidad de personas ha sido puesta en jaque por la llegada desordenada de migrantes que huyen de los conflictos en África, Siria y los Balcanes, entre otros, al punto que países como Polonia se han negado a acatar las políticas migratorias comunitarias.

Las críticas de Stiglitz a los criterios macroeconómicos adoptados en el Tratado de Maastrich para que un país pueda ingresar a la moneda común no son nuevas. Haber establecido el parámetro de 3 por ciento de déficit y 60 por ciento de deuda pública respecto del PIB y un índice de inflación cercano al promedio de la zona, ha sido considerado por muchos autores como limitante de la necesaria expansión monetaria e incremento del gasto que se debe adoptar en casos de recesión y crisis.

El autor coincide con las críticas de Piketty acerca del desfase entre la emisión única de moneda y la autonomía de cada país para emitir bonos de deuda. Por ello, tiene sentido la propuesta del nobel sobre la emisión conjunta de los bonos, pues de todos modos, al final, los entes comunitarios han debido hacerse cargo del problema de los países sobreendeudados.

Resulta evidente que las autoridades europeas se han equivocado severamente en la toma de decisiones para enfrentar la crisis de varios países. Mientras los gobiernos de Bush y Obama, independientemente de sus orientaciones ideológicas, asumieron de inmediato la decisión de emitir masivamente para salvar la banca en crisis por las hipotecas ‘basura’ (aparte de la legitimidad de salvar a entidades que habían adoptado prácticas abusivas), y a la vez que Obama se embarcaba en una política de gasto público, con el apoyo de la FED, las autoridades europeas esperaban pasivamente para finalmente adoptar una política similiar, pero más tímida, ¡un lustro después!

El autor critica a la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI) por obsesionarse con la inflación y no con la creación de empleo; compara la austeridad presupuestaria con las sangrías medievales, y le atribuye ‘falta de honradez’ e ‘hipocresía’. Stiglitz encuentra que se ha producido dumping fiscal, social y monetario, y apoya las críticas a la transferencia de soberanía a los entes comunitarios.

Finalmente, propone que las naciones europeas funcionen como los estados de la Unión Americana. Sin embargo, mientras el presupuesto de la Unión Europea es el 1 por ciento del producto de la región, el presupuesto federal de Estados Unidos es el 20 por ciento. Las duras críticas de Stiglitz olvidan que Estados Unidos tardó 137 años para la creación del Banco Central en 1913.

Su análisis es socioeconómico (monetario, fiscal y social) y no descubre el componente de soberanía monetaria que llevó a Europa a tener su propia moneda y a producir su propio avión. Además, el autor parece equivocarse al no entender que el euro permanecerá, pues no es solo una moneda común, sino, sobre todo, es la expresión del proceso de convergencia política que puso fin a las recurrentes guerras europeas.

Beethoven Herrera Valencia
Profesor de las U. Nacional y Externado.

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