Beethoven Herrera Valencia

Las cabezas multilaterales

Beethoven Herrera Valencia
Opinión
POR:
Beethoven Herrera Valencia
abril 29 de 2013
2013-04-29 03:55 a.m.
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La directora del FMI, Christine Lagarde, será interrogada por la justicia francesa en una investigación por “complicidad de falsificación y malversación de fondos públicos” cuando era Ministra de Finanzas, en el litigio entre el empresario Bernard Tapie y el banco Credit Lyonnais, por recurrir a un arbitraje privado que condenó al Consorcio de Realización (ente público que administraba los pasivos de Credit Lyonnais, tras su quiebra), a pagar a Tapie 520 millones de dólares.

El fiscal la acusa, además, de haber estado al tanto de la parcialidad de ciertos jueces, haber hecho modificar el protocolo para incluir un concepto de perjuicio moral y no apelar el arbitraje cuando se lo recomendaron.

Lagarde ha respondido que “esto no cambia en nada mi determinación, mi concentración y mi entusiasmo para ejercer las funciones como jefa del Fondo Monetario Internacional”. Al parecer, ella entiende que solo se trata de cuestión de tiempo o de concentración en ese tema, y no de la pérdida de legitimidad por haber utilizado un cargo público en beneficio de intereses privados.

Su paisano Dominique Strauss-Kahn tuvo que abandonar ese mismo puesto al ser procesado por supuesta agresión sexual a una camarera en un hotel de Nueva York; y otro predecesor, el también francés Michel Camdessus, tuvo que renunciar, al poco tiempo de ser reelegido, pues tras enviar un mensaje de felicitación al Gobierno de Tailandia por su buena gestión económica, ese país cayó en un severo colapso que desencadenó la crisis asiática.

Al Banco Mundial llegó Wolfowitz tras diseñar la invasión a Irak, con el argumento de la presencia de armas de destrucción masiva, en contravía del concepto de los inspectores que habían estudiado el tema en el terreno, y la invasión se produjo sin aprobación de la ONU y contrató con la firma Halliburton, ligada al vicepresidente Dick Cheney, la reconstrucción de Irak. ¿Cómo pudo entenderse que el gestor de esa invasión destructiva fuera la persona idónea para dirigir la entidad dedicada a promover el desarrollo?

Tan pronto llegó al Banco Mundial, Wolfowitz ascendió a su compañera sentimental a un elevado cargo sin concurso de méritos y la envió a trabajar en la Secretaría de Estado de Estados Unidos. ¿Cómo entender que con fondos de los países miembros pague privilegios a su pareja personal y la envíe a trabajar al servicio de un gobierno, el más poderoso del sistema?

Resulta claro que tales agencias multilaterales son conducidas con privilegios burocráticos y que las personas elevadas a esas dignidades no profesan el respeto debido a la función pública.

Por tratarse de entidades multilaterales formadas por gobiernos que pagan sus contribuciones con impuestos de sus ciudadanos, será necesario defender una ética que preserve los límites entre los negocios privados y los intereses públicos.

Beethoven Herrera Valencia

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