Beethoven Herrera Valencia

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Beethoven Herrera Valencia
Opinión
POR:
Beethoven Herrera Valencia
julio 26 de 2015
2015-07-26 11:59 p.m.
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Este verano en los Balcanes coincide con el vigésimo aniversario del genocidio de Srebrenica, en el que 8.000 musulmanes bosnios fueron masacrados por las fuerzas serbias.

Concuerda también con la celebración del 70 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, y aunque rusos y occidentales lucharon juntos frente a los nazis, los dirigentes europeos y americanos no asistieron al desfile en Moscú, en razón del conflicto por Crimea. Los rusos perdieron 22 millones de personas para derrotar a Hitler, y por eso la llaman ‘guerra patria’, sin mencionar el aporte occidental, en tanto que el otro lado destaca el desembarco en Normandía el día ‘D’.

Visitar los campos de concentración de Auschwitz y Birkenau, en Polonia, permite recordar el genocidio cometido por los nazis contra judíos y otras minorías, y rescatar el ejemplo del sacerdote Maximiliano Kolve, quien se ofreció a sustituir a otro prisionero seleccionado para morir, en represalia por la fuga de un preso. El hombre argumentó que tenia familia y el sacerdote ofreció su vida y murió en su reemplazo, en tanto que el otro prisionero logró salir del campo y sobrevivir.

En Gdansk se recuerda al movimiento sindical independiente Solidaridad, surgido en los astilleros, bajo la dirección de Lech Walesa y con apoyo del papa Juan Pablo II, constituyéndose en el primer sindicato independiente en el mundo comunista, lo que generó un ‘efecto dominó’ que condujo a la liquidación del campo socialista.

En Sarajevo está el sitio donde Gavrilo Princip, el joven serbio que combatía la ocupación austrohúngara, asesinó al príncipe Francisco Fernando, originando la Primera Guerra Mundial.

En Budapest se visita el sitio en el cual los soviéticos enterraron ‘boca abajo’, después de fusilarlo, al primer ministro Imre Nagy por pedir socialismo con soberanía, y en Praga se celebra, en la plaza San Estanislao, el sitio donde el estudiante Jan Palach se inmoló frente a las tropas soviéticas que invadieron el país para derrocar al gobierno de Alexander Dubcek, quien proponía socialismo con libertades.

Paradójicamente, tras los hechos de Kosovo y Sevrenica, se percibe en los ciudadanos croatas, eslovenos y bosnios mayor cercanía a los europeos, quienes trajeron el ferrocarril y permitieron la práctica de las diversas religiones, al tiempo que se apropiaban de las riquezas minerales de la zona. Usaban así los Balcanes como muro de contención al avance otomano hacia Europa, tras la dominación que por siglos ejercieron allí los turcos.

Dubrovnik, patrimonio de la humanidad, bombardeada por los serbios, fue república creada en 1358 y tenía Consejo Mayor, Menor y Senado. El Rector vivía en el palacio, para evitar ser influido en sus decisiones, lo relevaban cada mes y solo podía reelegirse tras dos años de inhabilidad. Napoleón eliminó esta república en 1808.

En la entrada a la sala de Gobierno se lee: obliti privatorum publica curate (“olvídate de lo privado y ocúpate de lo público”).

Beethoven Herrera Valencia
Profesor U. Nacional y Externado
beethovenhv@yahoo.com
 

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