Beethoven Herrera Valencia

Vargas Llosa, literatura y poder

Se ha concedido el Nobel de Literatura a Vargas Llosa. En el discurso que pronunció al recibir el Pr

Beethoven Herrera Valencia
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Beethoven Herrera Valencia
diciembre 12 de 2010
2010-12-12 11:26 p.m.
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Se ha concedido el Nobel de Literatura a Vargas Llosa, y aunque entre los motivos invocados se hace referencia a la calidad de su obra literaria, en el discurso que pronunció al recibir el Premio, el galardonado reivindicó su compromiso con la defensa de la democracia liberal y reiteró sus críticas a diversos regímenes autoritarios.


En una ocasión fue expulsado de México por calificar el régimen del Partido Revolucionario Institucional de “dictadura perfecta”, en reiteradas ocasiones ha criticado al gobierno de Chávez, hasta ofrecerse a un debate público con el mandatario; y desde hace décadas critica a otros literatos que apoyan a gobiernos de izquierda, pero omiten criticar las limitaciones que dichos regímenes establecen a las libertades políticas.

 

En su obra La fiesta del chivo, retrató la brutalidad de la dictadura de Trujillo en República Dominicana, y haber aspirado a la presidencia de su país, enfrentando a Fujimori, fue una demostración palmaria del alto valor que concede a su compromiso con la política.


En meses recientes presentó su renuncia irrevocable a la Comisión Encargada del Lugar de la Memoria, cuya presidencia le había confiado el presidente Alan García, para restaurar la verdad después de los abusos del gobierno de Fujimori y Montesinos. El escritor justificó su renuncia en la promulgación del Decreto 1097 que, a su juicio, constituía una amnistía para beneficiar a personas vinculadas a la dictadura y condenadas o procesadas por crímenes contra los derechos humanos -asesinatos, torturas y desapariciones-, entre ellos, al propio ex dictador y su principal colaborador.


Esta drástica decisión de Vargas Llosa se hizo eco del rechazo de diversos sectores democráticos en Perú y de los pronunciamientos del relator de la ONU, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Conferencia Episcopal, la Defensoría del Pueblo y representantes de numerosas organizaciones sociales y políticas, entre ellos, algunos congresistas del Apra, el mismo partido del presidente García.

 

Y el Decreto tuvo que ser derogado…
Al explicar su decisión, el escritor consideró incompatible auspiciar la erección de un monumento en homenaje a las víctimas de la violencia que desencadenó el terrorismo de Sendero Luminoso a partir de 1980, y al mismo tiempo, permitir la salida de las cárceles de los gobernantes que al enfrentar al grupo terrorista (al que califica de “funesta rebelión de fanáticos”), cometieron delitos horrendos.


Al buscar las razones del Decreto presidencial, Vargas Llosa sugiere presiones de sectores militares que operaron bajo la administración de Fujimori y declaró que pudo haber un cálculo electoral del Gobierno: recoge así la especie muy difundida acerca de la existencia de un acuerdo político secreto entre el gobierno de García y el ex presidente Fujimori -ahora preso-, el mismo que persiguió a García y lo forzó a exiliarse en Colombia.


Actitudes como las referidas dan cabal cuenta del compromiso del Nobel, a lo largo de su vida, con la defensa de la democracia liberal, la cual espera que supere el problema de la corrupción, según dijo en el discurso de premiación.


Por desgracia, es menos frecuente encontrar en su obra la denuncia de la desigualdad social que el sistema liberal ha generado por los privilegios que otorga al mercado sin regulación.

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