Beethoven Herrera Valencia

Venezuela: petróleo maldito

Mientras que Colombia aprovechó el siglo de hegemonía cafetera para subsidiar la formación de una ba

Beethoven Herrera Valencia
Opinión
POR:
Beethoven Herrera Valencia
abril 04 de 2010
2010-04-04 07:50 p.m.
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Recientemente el presidente Chávez expresó que "el petróleo fue una maldición, porque nos acostumbramos al dinero fácil", y agregó que "los petrodólares no son producto del esfuerzo colectivo, ya que con la tecnología se extrae el crudo con relativa facilidad". Por los mismos días el analista colombiano Andrés Mejía Vergnaud había publicado su libro El destino trágico de Venezuela: con o sin Chávez, en el que atribuye gran responsabilidad del caudillismo a la voluminosa renta que ese país recibe y que ha eximido a los ciudadanos del esfuerzo de tributar.

Tanto los caudillos y dictadores, como los gobiernos democráticamente electos han usado los ingentes recursos para enriquecer a sectores burocráticos y alimentar las lealtades de los países aliados. Otras dictaduras en Latinoamérica (Somoza, Stroessner, Trujillo, Batista, Rosas y Porfirio Díaz), no disponían de petróleo, pero consolidaron su poder sobre el control de los negocios del azúcar, el banano, el estaño, el cobre, la carne o el café.

En el prólogo del libro de Mejía, el ex ministro Humberto de la Calle retoma la famosa tesis de Luis Eduardo Nieto Arteta en el sentido de que para el caso colombiano "el café ha sido el creador de una auténtica economía nacional", pues su producción y comercialización creó un tejido social democrático y participativo, con pequeños caficultores que percibían sus ingresos directamente de su trabajo".

El café, que reemplazó las cortas bonanzas de la quina, el tabaco y el añil, no sólo generó las divisas que permitieron importar la maquinaria para instalar las primeras industrias de calzado, tabaco, textiles y cerveza (como mostraron Ospina Vásquez, Ocampo y Bejarano); sino que además dinamizó un mercado interno de jornaleros, comerciantes y transportadores. Por eso Nieto habló de "una democracia de hombres moderados y sobrios".

En los años 30, Arturo Uslar Pietri hizo un llamado a sus compatriotas para 'sembrar el petróleo' advirtiendo que "seducidos por la ilusión del petróleo, los venezolanos no se percataban de que estaban marchando por una senda fatal. Se dirigían hacia un estado de indolencia e incapacidad, al cual ellos, dentro de su hipnosis, veían como paraíso eterno de riqueza gratuita". Pero no fue escuchado y Venezuela permitió la destrucción de sus áreas productivas diferentes al petróleo.

En todo este proceso de petrolización, un factor de gran incidencia ha sido la corrupción política: como muestra Mejía Vergnaud, los dictadores otorgaron generosas concesiones a las empresas petroleras multinacionales apropiándose de una parte sustantiva para sí mismos. Y bajo los gobiernos de Acción Democrática y Copei, que siguieron al derrocamiento de Pérez Jiménez, las cúpulas (denominadas en la jerga criolla como cogollos) se enriquecieron desaforadamente.

Un indicador del nivel de apropiación de los fondos públicos por particulares es que pese a ser pública la renta petrolera, dicho país tenía el mayor número de jets privados del mundo respecto a su población.

Mientras que Colombia aprovechó el siglo de hegemonía cafetera para subsidiar la formación de una base industrial que permitió exportar a Venezuela gran cantidad de productos manufacturados, nuestro vecino continúa importando la mayor parte de sus alimentos y productos básicos. Y esta situación en lugar de corregirse, se ha agravado con el nuevo régimen.

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