Yasuní. Su mismo nombre evoca curiosidad rodeada de misticismo indígena.
No he ido a Yasuní, pero mi colega Ana Cristina Palma, consultora de la firma, tuvo la oportunidad de vivir cerca a este parque nacional en la Amazonía ecuatoriana y es uno de sus lugares favoritos en el mundo. Le gusta tanto que fue en diciembre a pasar navidad, junto a los micos que tanto quiere y a los cuales les siguió la pista cuando vivío allá. Yasuní es, además, el hogar de las últimas tribus indígenas en aislamiento de Ecuador, los Tagaeri y los Taromenane; la selva con el mayor número de especies de árboles por hectárea en el mundo; y contiene el 44% de las especies de pájaros que se encuentran en la cuenca del Río Amazonas.
Yasuní, parque nacional desde 1979 y Reserva Mundial de la Biosfera, es el proyecto más grande e importante de pagos por servicios ambientales que se ha realizado hasta el momento. El 3 de agosto el Gobierno ecuatoriano firmó un acuerdo con la ONU por medio del cual se abstiene de explotar los yacimientos de petróleo del campo denominado Yasuní-ITT (Ishpingo-Tambococha-Tiputini), valorados en 846 millones de barriles y equivalentes al 20% de las reservas del país, a cambio de la constitución de un fideicomiso por US$3.600 millones que será administrado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y que constituye el 50% de las regalías que podría recibir Ecuador si hubiera decidido explotar dicha reserva.
Es una decisión increíble, proveniente de un país pequeño, pobre y tercermundista que aparentemente está tomando la batuta en los programas a gran escala de pagos por servicios ambientales, un esquema poco conocido y que usualmente se asocia con bonos de carbono por implementación de MDL. Por medio del esquema que acordó el Gobierno de Rafael Correa, la conservación de Yasuní evitará la emisión de 407 millones de toneladas de de dióxido de carbono a la atmosfera. Dicha cifra es nada despreciable puesto que es equivalente a las emisiones de países como Brasil o Francia.
¿La decisión de Ecuador es una movida política en un ambiente internacional cada vez más verde y ambiental o un harakiri económico?
A medida que voy conociendo más del proceso de creación y negociación de esta iniciativa me convenzo que los ecuatorianos quieren mostrarnos un modelo de desarrollo distinto y le apuestan a que el solo hecho de conservar nuestros recursos puede tener el mismo efecto de valorización de los lotes de engorde. Entre más se espere, mas puede valorizarse el lote, especialmente si alrededor han construido y el de uno es el único virgen. Sin embargo, si el resto del mundo no le sigue la corriente a Ecuador, se pueden quedar esperando la plata prometida. Hasta el momento, el fideicomiso tiene como meta recaudar US$100 millones en 18 meses, lo cual, francamente, es una meta poco ambiciosa. Alemania ya anunció que donaría 50 millones de euros en un lapso de 13 años. Pero, Ecuador, cuyo presupuesto de inversión del año pasado ascendió a US$3.515 millones (el presupuesto de Colombia en el 2008 ascendió a aproximadamente US$11.500 millones), necesita de dichos recursos ahora, no sólo para combatir la pobreza sino para romper con su dependencia en el petróleo. De nada sirve abstenerse de explotar económicamente un recurso natural, si de todos modos deberán importar la misma cantidad de crudo de otra área para compensar.
Y ese es el riesgo que presenta esta iniciativa: Ecuador no cuenta con los recursos y va a carecer de hacer necesarias inversiones sociales, en salud y educación, porque su presupuesto está cojo…. Y seguirá siendo dependiente de petróleo porque los recursos no están disponibles de una vez para hacer sustitución de fuentes de energía.
Definitivamente tendremos que mantener nuestra mirada atenta a lo que pasa con esta iniciativa, puesto que puede plantear otro camino viable, factible y sostenible de desarrollo para los países de nuestra región, que cuentan con significativos recursos naturales y biodiversidad. Tendremos que esperar a ver si el resto del mundo, y especial los países industrializados, le jalan a la apuesta ecuatoriana e invierten los recursos económicos para mantener a Yasuní virgen.