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Brújula / Mirando hacia atrás
Julio 22 de 2012 - 4:27 pm
El largo discurso que pronunció el pasado 20 de julio el presidente Juan Manuel Santos, durante la instalación del nuevo periodo de sesiones del Congreso, mostró a un mandatario más preocupado con realzar las ejecutorias de su Gobierno, que con trazar una hoja de ruta para los 24 meses largos que le quedan de gestión.
Semejante actitud es fácil de entender.
A lo largo de las pasadas semanas, la presente administración ha recibido cuantiosos dardos de sus críticos. Tantos, que un observador desprevenido pensaría que Colombia ha dado marcha atrás en múltiples áreas, cuando la mayoría de las estadísticas confirman que el país continúa avanzando.
Ante los balances negativos, la Casa de Nariño ha querido poner los puntos sobre las íes.
El propósito central es demostrar que el programa de Gobierno se está cumpliendo y que no existe una gran divergencia entre las promesas hechas el 7 de agosto del 2010 y las realizaciones desde ese entonces.
Por tal motivo, Santos habló de economía y trajo a colación las cifras sobre empleo, aunque reconoció que hay una desaceleración en marcha.
Al mismo tiempo resaltó las oportunidades que acompañan a los tratados de libre comercio e insistió en que la mejora en la infraestructura tiene más de realidad de lo que el público piensa.
Lo conseguido hasta ahora ha sido clave –de acuerdo con el Presidente– para ser más contundentes en la lucha contra la pobreza. Tanto la mejora en los ingresos de los estratos bajos, como lo hecho en educación, salud o vivienda, son vistos por el Ejecutivo como la expresión de un país más equitativo y próspero.
Aparte de lo anterior, tuvo lugar una defensa de lo hecho en materia internacional, así como de las realizaciones del Congreso, que recibió una especie de rama de olivo después del incidente de la fracasada reforma a la Justicia.
Y claro, no faltó la mención a la seguridad, incluyendo los emotivos aplausos que despertó la presencia de varios uniformados en el Capitolio.
Al final, Santos habló de la necesidad de completar la tarea en el segundo tiempo que apenas comienza.
Lástima que en su análisis faltara algo de autocrítica, algo indispensable para una administración que necesita aprender de los errores cometidos y tomar un segundo aire. No solo basta con destacar lo hecho. También es buena cierta humildad, cuando se mira hacia atrás.
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