Camilo Aldana Vargas

Buen viaje, Raúl

Algo sorprendente en Raúl fue su capacidad de trabajo.

Camilo Aldana Vargas
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Camilo Aldana Vargas
mayo 06 de 2011
2011-05-06 03:57 a.m.
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Hace escasos 2 meses, la Academia Colombiana de Ciencias Económicas realizó un seminario para debatir el Plan Nacional de Desarrollo, en el cual se planteó la inquietud de qué normas que pretende implementar el Gobierno para desarrollar zonas como la Orinoquia, podrían propiciar, a la vez, un mayor deterioro de la equidad en la distribución de tierras en el país.

Esta lamentable perspectiva provocó una fuerte reacción del secretario perpetuo de la academia, Raúl Alameda Ospina, quien cuestionó tales pretensiones y declaró que ellas reflejaban la incapacidad del Estado para llevar paz y justicia al campo, y planteó la necesidad de buscar y encontrar soluciones radicales que tocaran las bases mismas de la institucionalidad.

Esta fuerte y apasionada reacción es una muestra del talante de Raúl, de su compromiso con los menos favorecidos y de sus convicciones revolucionarias para lograr un gran cambio que transforme la sociedad colombiana a favor de las grandes mayorías.

Recuerdo que durante el proceso de paz del presidente Pastrana nos invitaron a varias personas al Caguán, donde se desarrollaban las conversaciones con la guerrilla, para que habláramos sobre el tema de la tierra.

Entre las intervenciones, sorprendió la de Raúl, quien sin ambages declaró que la única solución para el lamentable estado de cosas era un cambio del régimen en Colombia.

Sus profundas convicciones lo llevaron en sus años mozos a apoyar desde la legalidad actividades revolucionarias con ayudas humanitarias a los alzados en armas y a ser un gran activista del partido comunista, del cual fue despedido en dos ocasiones por su actitud, ¡demasiado izquierdista! Su trayectoria académica y de servicio público desembocó en hacer realidad su gran sueño de crear y desarrollar la Academia Colombiana de Ciencias Económicas, que se convirtió en un tanque de pensamiento sobre la realidad económica y social del país, en un estímulo para que economistas y estudiantes investiguen y debatan los apasionantes temas de la ciencia económica y en un foro para analizar y discutir, en un ambiente abierto y democrático, la problemática nacional. 

Algo sorprendente en Raúl fue su gran inventiva y su enorme capacidad de trabajo, que demostró con creces a lo largo de su fructífera existencia. Para referirme sólo a sus últimos años, cuando ya su edad era avanzada, su falta del sentido de la vista y algunos achaques de salud aconsejaban un justificado reposo, trabajaba incansablemente y con gran entusiasmo.

No sólo ejercía con responsabilidad el exigente cargo de secretario perpetuo de la Academia de Ciencias Económicas, sino que era un miembro muy activo de las Academias Colombianas de Historia y de la Lengua y del Colegio Máximo de Academias. Paralelamente, Raúl mantenía programas de radio, coordinaba grupos de estudio y discusión, dictaba conferencias y participaba en debates, adelantaba una estrecha relación con facultades de economía, escribía artículos y documentos, preparaba libros y proponía opciones novedosas como el comunitarismo, alternativa a los modelos tradicionales de desarrollo. 

Dentro de esta intensa actividad, Raúl mantenía un gran sentido del humor, una actitud alegre para disfrutar de las cosas agradables de la vida, un admirable estoicismo ante la adversidad, una charla amena e interesante sobre los más diversos temas, una especial capacidad de servicio y una disposición permanente para hacer y conservar amigos.

Hoy Raúl está disfrutando de la inefable presencia divina, pues estoy seguro de que Dios no se va a privar de tan grata compañía.

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