Camilo Gaitán

Grandes aspiraciones

Un objetivo excepcional no conduce por sí solo al éxito que se busca.

Camilo Gaitán
POR:
Camilo Gaitán
mayo 27 de 2011
2011-05-27 05:39 a.m.
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De que es cierto que el mundo es cada vez más pequeño fue emocionante evidencia la presencia de Rafael Nadal y Novak Djokovic en Bogotá. Apenas unas horas después de jugar la final del torneo de Indian Wells en California –y de haberlos visto por televisión, lejanos y virtuales– los tuvimos de cuerpo presente, a un par de metros de distancia, en la clínica de tenis que con ellos organizó Compensar.

Por más de cuatro años los organizadores del evento estuvieron trabajando para hacerlo realidad. Procurando no sólo que el viaje a Colombia encajara en una agenda muy apretada como lo es la de los tenistas de la ATP –más la de quienes son sus rutilantes estrellas–, sino encontrando la coyuntura exacta para hacer viable la logística del viaje.

Ni hablar de dinero, pues según se ha conocido la presencia de estas dos leyendas del tenis en Bogotá por un día costó cerca de 3,5 millones de dólares, un valor muy lejano de los ingresos que generó, aún con la muy buena taquilla del partido, que llegó a los 1.200 millones de pesos.

Esto hace pensar que más allá de los beneficios para las marcas y la reputación empresarial de los patrocinadores, lo que realmente se logró fue que los colombianos comprobáramos que es factible hacer cosas que pueden parecer, a primera vista y aún mucho tiempo después, imposibles de lograr. En las palabras de Juan Carlos Archila, presidente de Comcel, “para alcanzar grandes logros hay que tener grandes aspiraciones”.

No es secreto que la actitud y la ambición son factores críticos de éxito en cualquier empresa. Pensar en grande, sobreponerse a esa mentalidad a veces estrecha y parroquial que tenemos los colombianos quizás por serlo, no caer en esa autocomplacencia en la que nos regodeamos con éxitos que apenas lo son, esa es la gran lección que queda de la visita de Nadal y Djokovic al país. Por qué conformarse con menos, si se puede estar a la altura de los mejores en el mundo.

Pero un objetivo excepcional no conduce por sí solo al éxito que se busca.

Hay que identificar cuáles son los posibles caminos para llegar allá, escoger el más conveniente, trazar el mapa y preparase debidamente para el recorrido. hay que cargar el ánimo de decisión y coraje y no desfallecer, perseverar. Pues la tentación de renunciar está siempre presente, como un canto de sirenas que nos invita a cambiar de libreto, a redefinir las metas, a claudicar en pocas palabras, ante la menor dificultad, o, lo que es peor, a encontrar muy elaboradas explicaciones del por qué las cosas no funcionaron como se quería.

El éxito hace un año del partido de Sampras y Agassi, otras dos leyendas del tenis en buen retiro, seguramente sirvió para que los organizadores de este encuentro siguieran adelante a pesar de las dificultades.

Cuidarse de que el camino no sea tan empinado, aun con la certeza de que va a ser difícil, ayuda a retonificar la persistencia y a seguir trabajando, pues, como bien dicen Kaplan y Norton –los gurús del Balanced Scorecard–, una iniciativa sin una gran aspiración es sólo un conjunto de acciones, y una visión sin un plan de acción es sólo un sueño…

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