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Camilo Gaitán

Pescando en río revuelto

Quienes le apuestan a salir gananciosos con una diplomacia paralela con Venezuela pueden salir perde

Camilo Gaitán
POR:
Camilo Gaitán
septiembre 13 de 2009
2009-09-13 10:22 p.m.
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La reciente crisis diplomática con Venezuela, a raíz de la autorización que Colombia le va a dar a Estados Unidos para que use siete de sus bases militares en el país, inauguró un desfile inédito de figuras de nuestra política doméstica hacia la corte de Chávez.

El primero en la procesión fue el ex presidente Samper, quien para anticiparse al rechazo que sabía podía despertar su viaje a Venezuela sin la expresa autorización del Gobierno, lo notificó, dándolo como un hecho cumplido y pretendiendo que ese aviso a regañadientes fuera tenido como la cortesía y el respeto al conducto regular que no tuvo. Bien sabemos los colombianos que Samper es de los que le prende una vela a Dios y otra al diablo, de manera que no sorprende que haya puesto por encima de la dignidad de un país, que debe someterse de tanto en cuando a las diatribas insultantes de ese 'zambo deslenguado' -como llama Jaime Baily al presidente venezolano- su permanente interés por desacreditar al Gobierno y al presidente Uribe en persona.

Lo siguió Jaime Dussán, el oscuro presidente del Polo Democrático, quien está siendo cuestionado hasta por sus propios copartidarios -de trayectoria más ilustre y con ideales más nobles-, y quien no tuvo empacho en decir recientemente que "no estaba ni a favor ni en contra de las Farc", aún cuando el 98 por ciento de los colombianos estemos hasta la coronilla con la violencia demencial de estos terroristas. Aquí regresó a dar ruedas de prensa y a anunciar muy pomposo que las relaciones con Venezuela se normalizarían gradualmente. Gracias a él y a su gestión -le faltó decir con las palabras-, pues la soberbia de su rostro lo decía todo. Ahora el Gobernador de Santander ha querido aprovechar la ocasión para tomar revancha de sus dos estruendosas derrotas electorales a manos de Uribe, pretendiendo que defiende los intereses de sus gobernados al ir a hablar con Chávez. Con un decidido aire santandereano exclama que él "no tiene por qué pedirle permiso a nadie" para ir a hablar con el venezolano y anuncia que la organización del encuentro ya está en curso. Falta ver que lo reciban.

Lo que se advierte en común en estas iniciativas oportunistas, no es de manera alguna el interés por servir a Colombia ni a sus intereses. A falta de mejores propuestas, en ausencia de mejores razones para ser protagonistas, quienes hoy corren presurosos a cortejar a Chávez bien encarnan ese espíritu adulador y permisivo que por tanto tiempo se tuvo acá con el terrorismo y que sugiere, equivocadamente, que con el enemigo hay que contemporizar y transigir para solucionar un problema.

Quienes le apuestan a salir gananciosos con una diplomacia paralela con Venezuela y pretenden hacernos creer que ellos están ayudándonos a resolver los problemas económicos que crea Chávez con sus amañadas y groseras pataletas, pueden salir finalmente perdedores. Pues aún los que discrepan de Uribe y sus políticas, censuran esos encuentros desautorizados y se llenan de motivos para no apoyar en adelante las iniciativas políticas de quienes así hacen política. No deberían olvidarse los apaciguadores de quien pretende erigirse como líder continental a punta de petróleo y vocinglería -que no de propuestas ni de ejemplo-, que de persistir en poner su capital político en manos de Chávez y sus caprichos, bien pueden terminar como el derrocado presidente Zelaya, perdidos en la manigua de la frontera de algún país vecino, viendo cómo el apoyo a su causa se desvanece al tiempo que deja de serle útil a su amo venezolano, en sus propósitos imperialistas para la región.

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