Camilo Herrera Mora
columnista

Movamos a Bogotá

La capital del país es uno de los grandes culpables del freno de la economía: tiene más o menos el 38 por ciento del gasto de los hogares, el 27 por ciento del PIB y el 18 por ciento de la población, y su bajo desempeño frena al país.

Camilo Herrera Mora
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Camilo Herrera Mora
septiembre 18 de 2017
2017-09-18 11:33 p.m.
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La capital del país es uno de los grandes culpables del freno de la economía: tiene más o menos el 38 por ciento del gasto de los hogares, el 27 por ciento del PIB y el 18 por ciento de la población, y su bajo desempeño frena al país.

Las cifras de la confianza del consumidor son elocuentes, y dejan ver el alto nivel de incertidumbre en los hogares capitalinos. Eso tiene su origen en muchos factores: la alcaldía de Petro, que fue un proceso de ingobernabilidad muy costoso, la reducción de la construcción ante la incertidumbre del POT y el decreto de construcción en altura; la salida de muchas empresas a la periferia de la ciudad –lo que genera empleo por fuera del casco urbano– y el registro de, por lo menos, 450.000 carros nuevos entre el 2013 y el 2017, que ha reducido la movilidad a niveles insoportables. A esto se debe sumar la ingenua promesa del metro de Samuel Moreno a su electorado y, más aún, su total incapacidad para comenzar a construirlo.

Lo anterior hace que los bogotanos estemos completamente desesperados en una ciudad que cada día es más costosa, debido al aumento continuo del valor los predios, viviendo en una urbe de anuncios y no de hechos desde hace más de 13 años. A esto hay que sumarle que la capital es la residencia del presidente con la peor popularidad de la historia, la corrupción, malas obras y otros esperpentos más que tienen al ciudadano casi deprimido.

“Bogotá es una ciudad de nadie”, ese es el diagnóstico, y nos hemos quedado con esa idea mediocre. El gran problema que debemos atacar en este momento es la movilidad, porque esta representa mejor calidad de vida para los bogotanos. El empleo se genera si se aumentan las ventas y la producción, y eso vendrá, en parte, de la recuperación del estado ánimo de la gente; y la seguridad, es consecuencia del incremento de los puestos de trabajo, así como de la transformación de la cultura ciudadana, que puede comenzar con un cambio en la forma como nos movemos en la ciudad.

Si yo fuera alcalde de Bogotá, pondría, sin dudarlo, el pico y placa día completo, con el fin de aumentar la movilidad, y darle a todos los ciudadanos más de 45 minutos de tiempo que hoy pierden en los trancones. Algunos dirán que eso genera la compra de un ‘segundo carro’, pero esto es limitado, por los continuos errores que se han cometido con esta norma. Es posible que aumenten las motos, por eso hay que anticipársele. Sin duda, el pico y placa no es la medida ideal, pero es la más eficiente y realista.

También, me dedicaría a pintar las líneas de la calles para que la gente se sienta ligeramente forzada a manejar mejor, porque mucho del caos capitalino es consecuencia de cómo manejamos los conductores, y eso debemos comenzar a recuperarlo. Mover a Bogotá comienza por las pequeñas acciones que mejoren nuestra cotidianidad, y no por continuar esperando las grandes obras: ya se han tapado algunos huecos, los drones ayudan a levantar los croquis de tránsito, pero debemos animar al bogotano, y hacer que recordemos todo lo que la ciudad ha hecho por nosotros. Por eso, movámonos por Bogotá, el país lo necesita.

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