Camilo Herrera Mora

Corrupción

Camilo Herrera Mora
Opinión
POR:
Camilo Herrera Mora
junio 08 de 2015
2015-06-08 11:56 p.m.
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Con la persecución de los directivos de la Fifa por Loretta Lynch, la fiscal de Estados Unidos, a la vez que Rodrigo Ratto, el exdirector del FMI, es acusado de evasión de impuestos, el mundo vuelve a hablar de corrupción. Esta práctica, que se puede entender como el abuso de poder y, en su más perversa forma, como el abuso de las normas usando la autoridad o el dinero, se convierte en una profunda enfermedad de la actualidad, pues la búsqueda de riqueza y mando tienen un camino rápido, debido a los actos de corrupción que vinculan a todos aquellos que son parte.

Cuando un corrupto le insinúa a un oficial el pago de una comisión por un beneficio, este puede terminar accediendo bajo la falsa premisa de “si no lo tomas tú, lo tomará el siguiente”, y al hacerlo se convierte en cómplice del proceso e inevitablemente en un corrupto, ya que todo acto de corrupción es un delito de ambas partes. Esto ha consolidado una forma de poder en nuestra sociedad: tú conoces mis pecados y yo los tuyos, y por eso se crea el capital social perverso del que tanto ha hablado John Sudarsky, y ha consolidado tejidos delincuentes en partidos políticos, academias, empresas, el mercado e incluso las mismas familias.

La actitud de EE. UU., más allá de ser oportunista o de falsa moralidad, abre, de manera pública, una nueva guerra en el mundo: a hacer las cosas bien y no permitir que el terror del poder del dinero defina el destino de las sociedades, instituciones y mercados. Falta mucho por hacer, porque el tamaño de este delito es enorme. Colombia lo sufre profundamente, pero no por ello debemos entrar en sofismas: una cosa es la corrupción y el dinero que se pierde en ella, y otra nuestro deber de pagar impuestos, porque muchos han tomado como excusa el delito de unos para evadir sus responsabilidades.

La corrupción es una de las debilidades de los sistemas económicos, porque nace de la ambición de un hombre por tener dominio y de otro por conseguir dinero fácil, ejerciendo equivocadamente su poder de decisión. No es otra cosa que comprar la libertad de elección y eso simplemente la elimina.

La justicia siempre queda corta en este proceso, pero desde la caída de Al Capone a manos de Rudolf Giuliani, que no logró demostrar la corrupción, pero sí la evasión de impuestos; es lo mismo que intenta hacer hoy Lynch con la Fifa. Las limitaciones son enormes, porque se requiere que uno de los dos corruptos declare su delito e incrimine al otro, pero la inexistencia de pruebas siempre frena los procesos y termina condenado solo uno de los culpables, siendo casi siempre el corrompido y no el corruptor.

El poder de todo radica en crear un punto débil en otra persona al conocer algo malo de ella y utilizarlo, hasta que el otro tenga la capacidad de asumir su responsabilidad y tener su castigo, logrando su libertad nuevamente a un costo terrible. Esto ocurre en muchos espacios, pero la sociedad comenzó a comprender que no es otra cosa que una nueva forma de terrorismo, y ha empezado una batalla moral en el mundo. Muchas verdades aflorarán, muchos poderosos caerán, muchos ambiciosos deberán asumir su responsabilidad y, cada vez más, la libertad de elegir primará sobre el poder, sin embargo, pagaremos un enorme costo.

Camilo Herrera Mora

Presidente de Raddar

camiloherreraraddar@gmail.com

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