Camilo Herrera Mora
Columnista

Del desodorante al bloqueador

Continuamente, se nos olvida el enorme beneficio de las industrias del aseo y la belleza en nuestra cotidianidad.

Camilo Herrera Mora
Opinión
POR:
Camilo Herrera Mora
agosto 10 de 2016
2016-08-10 10:24 p.m.
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Un aliento fresco, un perfume suave, o un peinado espectacular definen mucho de nuestro día. Continuamente, se nos olvida el enorme beneficio de las industrias del aseo y la belleza en nuestra cotidianidad, que no solo nos han ayudado a estar más presentables frente a otros, sino que han aumentado la expectativa de vida, logrando que nuestra salubridad sea mejor y el bienestar muy superior.

Un buen ejemplo de esto es la crema de dientes. Comenzó hace más de 4.000 años, pero solo tiene un par de siglos la que conocemos, y nos permite tener una mejor dentadura, mejor aliento y evitando que se nos caigan los dientes. Pero hace solo 300 años esto no era común, ni tenía sentido porque los dientes se lavaban con agua y el aliento era espantoso. Afortunadamente, para todos, hoy las cosas son diferentes y podemos saborear mejor las comidas con el hábito de lavarlos los dientes tres veces al día.

Lo mismo ocurre con los perfumes y el desodorante, que han escondido los olores naturales, permitiendo que los demás se sientan cómodos con nuestra presencia. A comienzos del siglo XX se determinó que ese mal olor lo causaba una bacteria y comenzó a ofrecerse en el mercado el producto, el cual era considerado como algo lujoso e innecesario; un siglo después, más del 90% de la población adulta lo usa a diario.

El gran reto de la crema de dientes y del desodorante fue mostrarles a las personas que muchas cosas cotidianas no necesariamente esta bien, y que pueden mejorar de una manera sencilla, transformando las costumbres de la gente y aumentando radicalmente su calidad de vida. Algunos decían que era un negocio de los malvados empresarios para vendernos cosas innecesarias, pero al final, el tema era tan necesario, que se convirtieron en herramientas de las políticas públicas de salubridad.

Hoy, ha comenzado un nuevo proceso en este mundo: el del bloqueador solar. El cuidado de la piel ya no es cosa exclusiva de las mujeres y sus arrugas, sino una realidad tajante ante el cambio climático y la contaminación, adicional al aumento de la longevidad de la población. Lentamente, los bloqueadores solares han ido entrando a la canasta familiar, siendo inicialmente un lujo o deseo, pero quedándose como una necesidad sentida no solo por la problemática creciente, sino por sus evidentes resultados.

En muchos lugares del mundo, los niños saben que en la mañana se bañan con jabón y shampoo, se ponen desodorante, se lavan los dientes y se ponen bloqueador solar, porque solo si se convierte en un hábito se logra que los efectos del producto sean constantes en el tiempo y se reduzca la incidencia de cáncer en la piel, quemaduras, deshidratación y otro tipo de morbilidades.

Ya comprendimos que es mejor usar condón, cinturón de seguridad y lavarnos las manos antes de comer, y se han impulsado enormes campañas para fomentarlo y mejorar la vida de las personas. La pregunta es, ¿cuándo el Gobierno dirigirá una política pública para masificar el uso del bloqueador solar, en un país tropical, donde más del 80 por ciento de la población vive por debajo de los mil metros a nivel del mar?

Camilo Herrera Mora
Presidente de Raddar
camiloherrera@raddar.net

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