Camilo Herrera Mora
análisis

¡La moda no está quebrada!

La mayoría de las empresas de confecciones dieron resultados positivos en el 2016 y lentamente han recuperado el nivel de sus utilidades del 2014.

Camilo Herrera Mora
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Camilo Herrera Mora
julio 27 de 2017
2017-07-27 08:39 p.m.
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Recientemente, se dijo que la industria de la moda en Colombia estaba quebrada. Esta afirmación no es cierta, y aunque tiene su origen en los resultados de las ventas y el aumento de las importaciones, por eso es prudente revisar los datos de la industria en detalle.

Según cifras del Dane, la producción de confecciones en mayo se contrajo 10 por ciento, y las ventas en el comercio minorista, que mide el departamento de estadística, decrecieron -2,4 por ciento. Estos indicadores son malos, y más aún al considerar que en los últimos 12 meses los resultados fueron similares.

Sin embargo, al mirar al sector en el contexto, los números son diferentes y deben llamar a la reflexión. El gasto de los hogares en vestuario está creciendo a tasas cercanas al 8 por ciento en pesos, y las importaciones en moneda colombiana crecieron al 9 por ciento, dejando ver que el mercado está reaccionando a ciertos productos y ofertas de valor, los cuales permiten que los compradores colombianos sigan demandando prendas continuamente.

Los datos del Dane miden de manera eficiente la producción formal y el comercio formal organizado, pero hay una limitación al calcular la producción pequeña e informal y las ventas de los microestablecimientos comerciales.

Los colombianos han cambiado su canasta de compra de vestuario en los últimos años, asignándole más presupuesto a las prendas deportivas que al vestuario formal, como los vestidos y trajes, y con una preferencia por formatos de tiendas de bajos precios, que van desde portales en internet como Rose Wholesale hasta las tiendas de pronta moda como H&M, de reciente apertura en el país. Estamos produciendo lo que se compraba y no lo que se está vendiendo.

El gasto de los hogares colombianos –no solo en moda– viene contraído en los últimos 12 meses, debido al aumento de la inflación, tasas de interés altas, poca creación de empleo y la incertidumbre política; pero el entretenimiento y el vestuario han sido los grupos con mejor comportamiento en este proceso, ya que tienen dos condiciones fundamentales para los compradores: tienen bajos desembolsos, con rápidos niveles de satisfacción, para un comprador que está preocupado por la incertidumbre que lo rodea.

La industria nacional no ha podido aprovechar del todo este cambio en las dinámicas de compras, pues ante la caída de los precios del petróleo y la devaluación, la entrada de productos importados se hizo más costosa, así como también el costo de los insumos.
Además, después del cierre de la frontera venezolana en el 2007, la producción de confecciones en el país se redujo cerca de 20 por ciento, debido a dos fenómenos que se dieron al tiempo: la caída de las exportaciones al vecino país y la revaluación del peso, lo que causó que mucha mano de obra quedara cesante porque se contrató en otras industrias, provocando hoy una baja oferta laboral para el sector de confecciones. Así, los mayores costos y la falta de personal no han permitido aprovechar todas las oportunidades.

Pese a esto, la mayoría de las grandes empresas de confecciones, dieron resultados positivos en el 2016 y lentamente han recuperado el nivel de sus márgenes de utilidades del 2014, gracias a un manejo gerencial de costos, el aumento de precios de sus productos y exitosas estrategias de mercadeo.

Es cierto que algunas empresas tienen problemas y que otras comienzan a sentir la presión por los cambios de mercado, pero esto tiene su origen en los propios esquemas en que el mercado se montó en los últimos años. Al ser más importadores que productores, quedaron atados al tipo de cambio y la guerra de descuentos y de bajos precios en que se metieron, no les da margen para poder actuar en el mercado. Cuando una marca se vende como ‘de precio bajo’, es completamente vulnerable a que llegue alguien más barato, incluso con importaciones.

Hoy, la industria no solo se está renovando en productos, propuesta y valor agregado, sino que el consumidor es mucho más consciente de su rol como usuario y comprador.
Estas dinámicas permitieron que la industria pasara la crisis del 2007 y 2008, y seguramente permitirá pasar este momento, que es mucho menos complejo que el de ese tiempo.

El futuro económico de Colombia pasa por la industria de la moda, porque en esta cadena se condensa nuestra capacidad productiva, creativa y exportadora. Por eso en momentos de cambio de reglas como los que se están viviendo ahora, las oportunidades están en ver cómo ser parte de lo que está pasando y no cómo quedarnos en el pasado.

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