Camilo Herrera Mora La política y la industria | Opinión | Portafolio
Camilo Herrera Mora
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La política y la industria

Lo que los industriales necesitan es simple: definir qué y cómo lo vamos a hacer, más allá de los periodos políticos y las campañas electorales.

Camilo Herrera Mora
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Camilo Herrera Mora
agosto 14 de 2017
2017-08-14 08:42 p.m.
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El país se equivocó profundamente al unir los ministerios de Desarrollo Económico y de Comercio Exterior, haciendo que el comercio internacional primara sobre la industria y el comercio interno, eliminando con la primera, casi completamente a las dos últimas.

Si bien existen dependencias que están encargadas de estas funciones, en la Asamblea de la Andi quedó claro que los empresarios piden una política industrial nacional, no proteccionista, sino realista, en la cual se focalicen los intereses de la Nación en el largo plazo, se potencialicen las capacidades de la industria y seamos autosostenibles en más categorías.

Algunos dicen que era necesario abrir los mercados para poder tener opciones para exportar porque nuestro país estaba muy cerrado, y si bien esto era cierto, también es claro que las importaciones han sido mucho más dinámicas que las exportaciones, a excepción del tema de petrolero.

Por eso, cuando llegó la revaluación, la industria nacional sufrió frente a las importaciones, particularmente en productos de consumo intermedio, causando un duro golpe al sector, cerrando muchas empresas, como ya es conocido.

Hoy, no existe una política industrial en Colombia, porque tomo carrera “que la mejor política industrial es que no haya política industrial”, lo cual nos ha causado que la industria pese 12 por ciento del PIB, cuando en 1990 era del 21 por ciento.

La Andi ha sido valiente y clara en decir esto, porque lo que los industriales necesitan es simple: definir qué y cómo lo vamos a hacer, más allá de los periodos políticos y las campañas electorales, pues los tiempos de la industria son de largo plazo, y, a diferencia de otros procesos, perder un año más de producción es perder generación de riqueza y formalización del empleo.

En la Asamblea de la Andi, los precandidatos presidenciales se pararon a decir todos lo mismo: se necesita estabilidad jurídica, cambiar impuestos y revisión del tema de consultas previas y populares, pero ninguno habló de crear una política industrial, pese a que Bruce MacMaster presentó una idea minutos antes.

Valientemente, el presidente de la Andi, dijo que el tema de las consultas populares era un serio choque de poderes en la democracia, y que si bien una votación local podría evitar una explotación petrolera, mañana podríamos ver cómo una consulta da permiso a un proyecto para operar sin licencia ambiental, pero con el apoyo popular, dejando ver la magnitud del problema.

La relación de la política con los empresarios no puede ser un diálogo a dos tiempos: en elecciones los políticos le dicen ‘sí’ a todo, pero cuando gobiernan lo que hacen es sacarle capacidades a los sectores productivos para aumentar el recaudo tribu para aumentar el recaudo tributario y exigir que sean competitivos para que la economía crezca y genere empleos, sin tener una reglas claras de corto, mediano y largo plazo.

Las políticas económicas colombianas deben consolidar un sistema que comprenda que estamos al vaivén del precio del petróleo y de fenómenos climáticos como ‘La Niña’ y ‘El Niño’, que son exógenos, definen una buena parte de nuestra economía, en la cual no tenemos ninguna influencia y capacidad de acción. Sin duda, gran parte de esa política económica, ‘a la colombiana’, requiere una clara política industrial, que hoy no existe.

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