Camilo Herrera Mora

Pantallas unidas de Google

Camilo Herrera Mora
POR:
Camilo Herrera Mora
julio 29 de 2013
2013-07-29 11:50 p.m.
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En el último Hay Festival, le preguntaron al CEO de Google si alguna vez sería como un país, y ambiciosamente respondió: no, nos interesa.

Es claro que hoy hay dos mundos, el físico y el digital, y que esto es un reto global en diversas áreas. No existen mecanismos de legislación universal en el mundo físico, y de una u otra manera las legales y económicas anglosajonas han tomado la delantera, sin concentrarse mucho en las legislaciones particulares, mayormente por la gratuidad del servicio y la inexistencia de barreras de nacionalidad.

Esto ha cambiado el mundo de los derechos de autor, de la libertad de expresión y el mismo concepto de propiedad privada, porque hoy las personas tienen como mínimo un correo electrónico y una página con su perfil en una red social; hoy todos pueden hablar y escoger lo que escuchan, lo que es uno de los grandes diferenciadores con la dimensión física.

Las redes sociales hoy tienen más usuarios registrados que ciudadanos de muchos países, y se rigen a un contrato de manejo de información gratuito, en el que tienen deberes y derechos, y son beneficiados por un mecanismo de redistribución del ingreso y tienen la oportunidad de pagar por más beneficios, pero como mínimo tienen los mismos que todos: una sociedad plural, igualitaria y equitativa, pero en el marco de una dictadura corporativa a la cual las personas se someten libremente; al igual que en la vida real, casi siempre escogemos cuándo entregar nuestra libertad.

El mundo digital no tiene razas, complejos, ni mucho menos segregaciones, solo un espacio público donde todos pueden interactuar tanto como deseen; ha reducido muchos costos de transacción y sin lugar a dudas mejorado la calidad de vida a muchas personas –y quizá afectado la de otras tantas.

Es momento de que el mundo organizado en organismos multilaterales comience a preocuparse por esto, porque ya se están cometiendo elusiones tributarias simples como el pago de publicidad en otro país, si ninguna estructura tributaria clara. De aquí hasta quien sabe dónde pueden llegar las implicaciones del choque de estas dos dimensiones.

Hoy, no nos damos cuenta de lo que esto puede causar, porque lo hemos visto nacer, crecer y reproducirse sin que nos haga daño, no lo consideramos una amenaza, pero la próxima generación lo tendrá como una realidad cotidiana que permitirá que la nacionalidad virtual sea más importante que la ciudadanía.

Ahora, los países se miden por su territorio y población, las redes sociales por su población sin importar la región, pero esto tendrá un límite por la capacidad de almacenamiento de datos en el sistema, y veremos cómo los dueños de warehouse serán los propietarios de la ‘tierra’ de estas nuevas naciones.

Lentamente, estos países adoptarán procesos democráticos y rápidamente habrá un representante de los usuarios en el board de estas corporaciones, y así el poder se irá equilibrando; en menos tiempo veremos cómo estas naciones emiten sus propias monedas para simplificar las transacciones, logrando emular las instituciones básicas de una sociedad, que seguramente no tendrá filas para atendernos.

Hoy, somos colombianos, pero también somos parte de las pantallas unidas de Google, o la república independiente de Facebook, donde recibimos beneficios por el simple hecho de ‘nacer en ellas’. Debemos prepararnos para ello, y comprender que esto no es el gran hermano.

Camilo Herrera Mora

Presidente Raddar

camiloherreraraddar@gmail.com

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