Carlos Angulo Galvis

Educación de posgrado en Colombia

Carlos Angulo Galvis
POR:
Carlos Angulo Galvis
octubre 28 de 2013
2013-10-28 12:22 a.m.
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La importancia de la educación a lo largo de la vida es esencial para lograr un mejor desempeño profesional. El avance acelerado del conocimiento y la velocidad creciente de la globalización exigen actualización permanente de la educación superior -técnica, tecnológica y universitaria- para evitar la obsolescencia y prestar un servicio útil a la sociedad.

Es fundamental que la educación sea de calidad y solo instituciones de educación superior calificadas están en capacidad de hacerlo adecuadamente. En Colombia existe un esquema, que comprende un Registro Calificado de un programa (RC), obligatorio, que permite ofrecer un programa, y una Acreditación de Alta Calidad (AAC), voluntaria, institucional y otra para los programas. La AAC ha sido útil, y para que continúe siéndolo se deben mantener altos estándares para que verdaderamente sea AAC y no se convierta en un RC más. Es pertinente hacer un corto recuento del estado de la educación superior en país, con base en los últimos datos disponibles del Ministerio de Educación.

La población objetivo que está entre 15 y 24 años es de 8,6 millones; los egresados de educación media, grado 11, son 4,79 millones, 56% de la población objetivo; los estudiantes de educación superior son 1,82 millones, 21%, y los egresados de educación superior son 0,86 millones, 10%. Las cifras anteriores muestran que, a pesar de los esfuerzos del Gobierno por ampliar la cobertura, subsiste un importante camino por recorrer. Respecto a la calidad, debe notarse que solo 0,35 millones de estudiantes de educación superior, 28% de los matriculados y 4% de la población objetivo, adelantan estudios en instituciones con AAC. Si se supone que los porcentajes de egresados son comparables a los de los matriculados, solo el 28% de los egresados de educación superior ha cursado estudios en instituciones con AAC. ¡Menos de 350 mil estudiantes!

La creciente apertura de programas de posgrado -diplomados, especializaciones, maestrías y doctorados- es preocupante, pues buena parte es ofrecida por instituciones que no cuentan con las infraestructuras académica y complementarias; así, la calidad de la oferta es muy discutible. Los diplomados y especializaciones deberían ser evaluados para que tengan rigurosidad académica, y sus denominaciones reflejen el contenido de los programas y sean comparables a los que se ofrecen internacionalmente. Además, los estudios de maestría y doctorado requieren profesorado altamente calificado pedagógicamente y con formación doctoral.

Las últimas cifras del MEN indican que solo el 15% de los profesores universitarios tiene título doctoral y solo en una universidad, la de los Andes, este porcentaje excede el 60%. Es indudable su importancia en la formación de los estudiantes de maestría y doctorado.

Para evitar que la deficiente calidad del pregrado de la educación superior se repita en el posgrado, es prioritario establecer requisitos rigurosos de calidad para todos los programas, pero con especial énfasis en los de maestría y doctorado. Una tendencia preocupante es el ofrecimiento de maestrías y doctorados por algunas universidades con deficientes infraestructuras académicas, en ocasiones con instituciones extranjeras de limitado reconocimiento. En consecuencia, es fundamental ser rigurosos en el otorgamiento de los RC, teniendo en cuenta la formación académica de los profesores a cargo de los programas y su forma de vinculación a la institución.

Este sería un primer paso para que los programas de maestría y doctorado, que indudablemente requiere Colombia para su desarrollo, cumplieran adecuadamente su objetivo y contribuyeran realmente al progreso social.

Carlos Angulo G.

Exrector de la U. de los Andes

cangulo@uniandes.edu.co

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