Carlos Angulo Galvis

Intervención de la Universidad San Martín

Carlos Angulo Galvis
Opinión
POR:
Carlos Angulo Galvis
noviembre 24 de 2014
2014-11-24 01:02 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/22/56cb6757445b9.png

En diversas ocasiones me he referido a la calidad de la educación superior en Colombia. He expresado una gran preocupación por la baja calidad de muchas instituciones y el gran perjuicio que se causa a los estudiantes y, por lo tanto, al país.

La intervención de la Universidad San Martín, después de múltiples investigaciones y sanciones, iniciadas en 1989 e intensificadas a partir del 2011, es bienvenida. Sin embargo, constituye solo un paso en un proceso que se debe continuar y ojalá resulte en sanciones institucionales y personales ejemplarizantes. Se trata de una universidad privada, con 18 sedes muy heterogéneas, distribuidas a lo largo y ancho del país, en la que se ofrecen 93 programas académicos de múltiples disciplinas, carentes de foco, a 20.000 estudiantes. Las informaciones disponibles indican claramente que dista mucho de ser una organización sin ánimo de lucro, que incluye la universidad y otras empresas paralelas.

Este tipo de instituciones familiares, aparentemente sin ánimo de lucro, reciben estudiantes, en programas promocionados con publicidad engañosa. Desvían los recursos mediante empresas paralelas de finca raíz y otro tipo de servicios, en donde obtienen grandes utilidades. Constituyen jugosos negocios para los propietarios, con pérdidas sustanciales para los estudiantes y Colombia, que deben ser erradicados.

Un elemento fundamental en este proceso, que se está analizando cuidadosamente, es el futuro de los 20.000 estudiantes. Algunos seguirán en la universidad intervenida y otros tendrán que buscar opciones que les permitan culminar exitosamente sus estudios.

Se anuncian procesos de características similares en otras instituciones que deben agilizarse para disminuir los efectos negativos. Cabe recordar que hace algún tiempo, el presidente Rafael Correa sancionó ejemplarmente en Ecuador a más de 30 instituciones de educación superior, que ofrecían programas de muy baja calidad. Es una ruta que deberíamos seguir.

Muchas lecciones nos deberían dejar estos tristes acontecimientos. La más urgente es hacer más rigurosas las aprobaciones de los registros calificados de los programas y establecer un efectivo esquema de seguimiento. No sobra recordar que la planta física y el soporte técnico y administrativo constituyen solo una condición necesaria, pero no suficiente; lo esencial es la planta profesoral calificada. Las instituciones deben ser muy rigurosas en la selección de directivos. Los nexos familiares no deberían ser un factor preponderante, como parece ser la regla en diversos casos. Antes de comenzar una carrera de apertura de sedes en múltiples sitios, se deben elaborar planes estructurados de desarrollo, acordes con la capacidad operativa y los recursos disponibles de las instituciones.

Dadas las dificultades que se presentan, no solo en Colombia, sino en otros países, de ofrecer educación universitaria de calidad en poblaciones pequeñas, se deberían impulsar los community colleges, que ofrecerían solo la primera parte de los programas. Estas instituciones establecerían acuerdos con universidades de mayor grado de desarrollo, donde los estudiantes podrían culminar sus estudios de pregrado. Un esquema más económico y más efectivo.

Un ejemplo más de la urgente necesidad de buscar la calidad en la educación superior para beneficiar a la población colombiana y evitar los abuso de personas inescrupulosas.

Carlos Angulo Galvis

Exrector de la Universidad de los Andes

cangulo@uniandes.edu.co


Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado