Carlos Angulo Galvis

Planeación y desarrollo de infraestructura

Carlos Angulo Galvis
Opinión
POR:
Carlos Angulo Galvis
enero 26 de 2015
2015-01-26 06:44 a.m.
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El 15 de enero pasado el presidente Juan Manuel Santos recibió oficialmente de Isagen la Central Hidroeléctrica Sogamoso, que provee el embalse más grande del país, con una inversión de 4.3 billones de pesos, capacidad de 4.800 millones de metros cúbicos y potencia instalada de 820 Megavatios, que suministrará el 8 % de la energía que requiere Colombia. Es un importante proyecto que contribuirá al desarrollo económico y deja, además, unas lecciones muy importantes, que ojalá puedan ser aprovechadas por otros sectores, como los de infraestructura y servicios públicos.
La principal es la necesidad de efectuar una planeación estructurada y continua para que los proyectos se seleccionen adecuadamente y puedan llevarse a feliz término. Hace algunos años, cuando dictaba un curso, de ‘Aprovechamiento de Recursos Hídricos’, les decía a mis estudiantes que el tiempo de maduración de un proyecto de envergadura, desde la fase inicial de identificación, hasta la fase final de operación, era de aproximadamente 50 años. Observaba expresiones de sorpresa en los estudiantes, que se disipaban, al menos parcialmente, cuando se indicaba el alcance de cada una de las etapas y la multiplicidad de trámites y obstáculos que era necesario vencer.
La entrada en operación de la Central Hidroeléctrica confirma ese análisis. Los primeros estudios del proyecto se hicieron en los años 60 y, cincuenta años después, en diciembre del 2014, entró en operación. Fue necesario adelantar estudios de factibilidad, diseños de ingeniería, estudios ambientales, sociológicos económicos y financieros, que permitieron su comparación con otros proyectos de generación y cumplir con una tramitología, a veces excesiva.
Ese proceso de planeación, indudablemente exigente, tuvo como resultado que, tanto el cronograma como el presupuesto de construcción, se cumplieran. La fórmula es sencilla, pero debe ser cumplida integralmente: se requieren estudios rigurosos, que analicen juiciosamente los aspectos positivos y negativos de los proyectos; se deben obtener oportunamente las licencias ambientales; se deben adquirir los predios requeridos; se deben diseñar esquemas financieros; y se deben seleccionar contratistas de estudios, construcción y de suministro de equipos calificados. El contraste con lo que frecuentemente sucede con las obras de infraestructura de transporte y de servicios públicos es notable. Ha ocurrido un bienvenido impulso en las obras de infraestructura vial nacional con los esquemas de concesiones y de Asociaciones Público Privadas, que debería ser ampliado para incluir los accesos a las ciudades, que cada día son más insuficientes para el manejo del flujo vehicular.
Solo un ejemplo, la carretera –o casi camino de herradura– Central del Norte solo presenta cambios sustanciales, desde la década de los 40, en el tramo comprendido entre el Codito y donde comienza el contrato de concesión, en el número y magnitud de los huecos, que destruyen los vehículos automotores. Las deficiencias en los servicios de acueducto y alcantarillado de las ciudades medianas y pequeñas son otro ejemplo. Es fundamental que se apropien las buenas experiencias de planeación del sector eléctrico en todos los proyectos de infraestructura, para que se disminuya la inequidad y los colombianos puedan tener en el futuro condiciones de vida dignas.
*Exrector de la Universidad de los Andes


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