Carlos Gustavo Álvarez
columnista

¿Foros o foforros?

Al llegar, abrí el paquete. Era el libro ‘Manual de periodimo independiente. Pensé en agradecerle. Pero sobre todo, en investigar cómo la dejaron entrar a ver ‘The Post'.

Carlos Gustavo Álvarez
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
febrero 08 de 2018
2018-02-08 10:21 p.m.
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Abrí la puerta del apartamento y encontré a Patty Lu’, la cuasi preadolescente hija de mis vecinos.

--Felicitaciones, señor Álvarez -me dijo emocionada.

--Gracias, Patty Lu’, muchas gracias, en realidad yo… yo no sé por qué me felicitas...

--¡Feliz día del periodista! -me dijo, mientras se aferraba a mi cintura.

Estaba a punto de llorar. Yo.

--Hombres como usted son los que necesita la patria -me dijo, mirándome con admiración a través de sus enormes gafas--. Ustedes investigan, llevan a la cárcel a los pillos, descubren las trampas del poder político, los engaños del gobierno, son independientes, indiferentes a presiones económicas y sirven a los gobernados, no a los gobernantes… como dicen en la película The Post. ¿Ya la vio, señor Álvarez? ¿Qué sintió?

Iba a decirle lo que sentí, pero Patty Lu’ estaba decidida a aprovechar su cuarto de hora.

--¿Le estoy quitando tiempo, señor Álvarez? Imagino que va para el foro…

--¿Cuál foro?

--No sé… Debe haber muchos foros. Espacios de reflexión. Análisis de la coyuntura. ¿Está cumpliendo el periodismo el papel que le corresponde en el crítico momento que vive el país? ¿Por qué la gente ya no confía en los medios de comunicación?

¿De dónde había sacado esa retahíla? ¿La habían preparado sus padres con un libreto amañado y ella estaba grabando mis respuestas en su celular mimetizado para indisponerme con el director de Portafolio?

Uno nunca sabe.

--Verás, Patty Lu’ -dije, sereno--. Foros, lo que se dice foros, no hay. Yo, por lo menos, no voy a ir a ninguno. Fui a los premios del CPB y a la fiesta. Voy al almuerzo que nos ofrece la empresa, un cóctel en la tarde, una celebración… Foros, no… Me miró con picardía.

--Mentiroso -me dijo, señalándome con su diestro dedito índice--. Usted no va a hacer eso…

Iba a decir “Te lo juro, Patty Lu”. Pero preferí enterarme de lo que realmente yo iba a hacer.

--Va a continuar con la investigación para descubrir -me hizo inclinar para decirme algo al oído… -quién es Él…

--¿Cómo así, Patty Lu’? ¿Quién es quién?

--No se haga el tontito, señor Álvarez. Yo no le voy a decir a nadie.

--Yo tampoco Patty Lu’.

--El de la habitación. El que le hizo eso a la periodista. El jefe. El infame.

--Perdóname, Patty Lu’ -le dije con toda mi responsabilidad social--. Esos no son temas para niños. Tal vez tenga que hablar con tus papás.

--¡Sííí! -dijo Patty Lu’ emocionada--. Hable con ellos. No quieren hablar de otra cosa. La noticia del año.

--Verás, Patty Lu’ -le dije después de unos segundos de desconcierto--. Tengo que irme a arreglar… Ya sabes…

--Los foforros… Está bien. Le traje un regalito.

La cara se me cayó de la vergüenza. Patty Lu’ me alcanzó un obsequio empacado, me abrazó y se dirigió saltando a su apartamento.

Esa medianoche, al llegar, abrí el paquete. Era el libro Manual de periodismo independiente. Pensé en agradecerle. Pero sobre todo, en investigar cómo la dejaron entrar a ver The Post.

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