Carlos Gustavo Álvarez
columnista

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Por lo menos en mi caso, nunca había tenido conciencia de la evidente y reconocida megadiversidad de este país.

Carlos Gustavo Álvarez
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Carlos Gustavo Álvarez
septiembre 21 de 2017
2017-09-21 08:48 p.m.
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Con el mismo delicioso sello de las inolvidables ‘monitas’ o ‘caramelos’ de Jet, la Compañía Nacional de Chocolates puso en circulación con El Tiempo, el álbum ‘Vive la aventura Colombia’. Tiene el apoyo de Parques Nacionales Naturales de Colombia, National Geopraphic y el Instituto Colombiano de Antropología e Historia.

Por lo menos en mi caso, nunca había tenido conciencia de la evidente y reconocida megadiversidad de este país. Llegué a la última página de este cuadernillo, después de identificar las 250 laminitas y pasar por cinco opciones de aventura –marina, en las alturas, sabana y desértica, en los bosques y arqueológica–. Y aquí estoy destapando chocolatinas...

Así, por encimita, aquí está resumido un universo llamado Colombia. El estimativo aproximado de la gran riqueza nacional está en 56.343 especies. Somos el segundo país más biodiverso del mundo. Después de Brasil, que ya es mucho decir, y por encima de Indonesia, China, México y Perú.

En el podio mundial, somos la primera nación en especies de aves y orquídeas. Subcampeones en especies de plantas, anfibios, mariposas y peces de agua dulce. Tercer lugar en palmas y reptiles. Y en cuanto a mamíferos, tenemos la sangre caliente en el cuarto lugar.

En lo que se refiere a la extensión total de las áreas protegidas del Sistema de Parques Nacionales Naturales de Colombia, está significada en un poco más de 14 millones de hectáreas, casi 143 mil km² de la geografía nacional marina y terrestre.

Orgullo. Patria de verdad. Y una responsabilidad irrenunciable que supera con creces a las hectáreas y los kilómetros de esta bendita Tierra. Eso es lo que uno siente pasando las páginas del ‘Album Jet Vive la aventura Colombia’.

Como de eso tan bueno sí dan tanto, a su lado también se yergue la amenaza. Está representada en un triangulito rojo que se incrusta en las páginas de cada lugar del Edén. Y llama la atención sobre varios hechos drásticos, como los que han desaparecido de este mundo 120 animales en un siglo (sin contar los insectos), de acuerdo con el reporte dado a conocer el lunes 17 de septiembre por el sitio web Sixth Extinction.

El cambio climático, por supuesto. Obras de infraestructura. Pesca y minería ilegal. Contaminación. Tala. Caza. Turismo desordenado. El incremento de la demanda de agua (Colombia ha perdido en 50 años el 63 por ciento de su área glaciar). La desquiciada actividad agropecuaria y ganadera. Los cultivos ilícitos. Los vertimientos. Las sequías. Los incendios…

Y en el centro, la base, el fondo y la palanca del cataclismo anterior, está la mano del hombre. Su desaforado propósito de destruir la Tierra en la que habita, por la vía de la depredación, pero también de la pobreza irredenta. Y de un modelo de sociedad de consumo que por los desagües del derroche y del desperdicio, vomita toda posibilidad de supervivencia.

Todos deberíamos leernos ese documento magnífico que es la encíclica Laudato Sí, del papa Francisco. Tiene que ver con el cuidado de la “Casa Común”. Este planeta. Nuestra Colombia. Para que el álbum de Jet no sea un acta de defunción, sino este lindo tributo a la vida, que lleno con sabor a chocolate.

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