Carlos Gustavo Álvarez
columnista

País nacional, país político

El castigo popular que hoy tiene a la comunidad internacional mirándonos como bichos raros es contra la clase política, contra su vanidad. 

Carlos Gustavo Álvarez
Opinión
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
octubre 06 de 2016
2016-10-06 09:42 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/22/56cb679eb2280.png

El 7 de febrero de 1948, 100.000 personas respondieron a la convocatoria del líder Jorge Eliécer Gaitán en la Plaza de Bolívar, ‘Marcha del silencio’. Y el aire afónico de ese momento solo fue interrumpido por la voz de quien sería asesinado dos meses después. La ‘Marcha del silencio por la Paz’, como se ha denominado a la movilización y concentración de 30.000 jóvenes, 68 años después, fue posible gracias a una razón y a la gesta de gérmenes de líderes repartidos en las universidades.

Sorprende, por muchos motivos. Porque ninguna congregación de ese tipo fue posible para apoyar el proceso cuando se desarrollaba fuera de Colombia. Unió al ‘Sí’ y al ‘No’, la más reciente división en este país de pedacitos. Se hizo con los poderes de las redes sociales, que han emergido en otras primaveras. Y no tuvo un único líder, no de la clase política.

La clase política… Mientras avanzaban los diálogos en La Habana, en debates que el país nacional ignoraba por la obligación de atender sus tiránicos afanes cotidianos, se planteaban muchas preguntas. Una de ellas era cómo nos cogía el posacuerdo.
Aparecían respuestas, algunas en el libro ¡Adiós a las Farc! ¿Y ahora qué?, de Claudia López. La presencia discriminada del Estado, de la ciudadanía y del mercado en las regiones. “Que políticos centrales posen de estadistas en Bogotá, mientras se eligen y cogobiernan con políticos corruptos y criminalizados a quienes delegan las regiones…”.
Y algo más definitivo: que Colombia tiene un Estado débil “porque tiene un régimen político muy fuerte, que por su naturaleza y forma de ganar, acceder y ejercer poder político y económico inhibe una construcción estatal de las regiones…”.

La conclusión resignada, nefasto mantra nacional, es que eso es lo que hay. De esa
manera fuimos a recibir gotas en el abrevadero patriótico que inhibe los grandes propósitos y cambios: algo es algo, peor es nada.

Una tarea como finalizar hostilidades con un grupo guerrillero insuflado de narcotráfico, era un ejercicio de liderazgo. Quedaba en las manos de la clase política.
Los resultados del plebiscito, especialmente la abstención, confirmaron lo que ya sabíamos: todos con la paz, pero... El castigo popular que hoy tiene a la comunidad internacional mirándonos como bichos raros es contra la clase política, contra su vanidad, su narcisismo desmedido, su proceder autoritario, su incapacidad de entender la grandeza y asimilar que a ese pacto con los contrarios debíamos llegar unidos. El liderazgo implica oportunidad. Hacer las cosas en el momento debido y de la forma correcta.

Hoy, como en tantas otras ocasiones, estamos buscando ahora lo que debimos hacer antes. Reconociendo que este es un acuerdo de paz con las Farc, pero sobre todo, entre los colombianos. El ‘No’ no puede ser un botín uribista. Pero hay que dialogar con Uribe.

País político: lidere con humildad. La humildad es grandeza. Una multinacional de automóviles promueve un producto con el eslogan ‘Es tiempo de redefinir el concepto de grandeza’. Ojalá lo entienda la clase política. A la que se le ha dado otra oportunidad.
Puede aprender de los jóvenes. Que, como dijo Gaitán, demostraron ser superiores a sus dirigentes.

Carlos Gustavo Álvarez G.
Periodista
cgalvarezg@gmail.com

Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado