Carlos Gustavo Álvarez

¿Y cómo se construyó el futuro?

Carlos Gustavo Álvarez
Opinión
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
febrero 18 de 2016
2015-06-12 01:49 a.m.
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Como muchos colombianos y extranjeros, también había preguntado al recorrer los 86 kilómetros que separan a Bogotá de Villavicencio: ¿y cómo se hizo todo esto?, ¿quiénes lo hicieron?, ¿en qué condiciones?, ¿dónde está la memoria de esta epopeya de la ingeniería colombiana para enseñársela a nuestros compatriotas y mostrarla al mundo?

Mismas preguntas que hice el 5 de junio, cuando Coviandes entregó anticipadamente 12,5 kilómetros de la doble calzada entre Naranjal y la intersección Tequendama. Entre otras obras, hay allí 7 túneles y 13 puentes que no tienen nada que envidiarles a vistosas construcciones de otros países. ¿Pero cómo se hizo, por ejemplo, el majestuoso puente de Quebradablanca?, ¿o alguno de los túneles: Monterredondo, Mesagrande o La Santandereana?

Días antes, la Concesionaria Ruta del Sol había puesto a funcionar 10 kilómetros de doble calzada entre los municipios de Morrison y San Martín, en el sur del Cesar. Se sumaban a los 5 kilómetros de la variante de Aguachica, que el presidente Santos acababa de inaugurar. Van 100 kilómetros de doble calzada, y en estas vacaciones de mitad de año, los conductores que se muevan del interior hacia el mar o viceversa van a encontrar esa conquista de la infraestructura, que ha puesto a prueba el talento ingenieril de grandes empresas colombianas y extranjeras.

¿Pero quién sabe algo de cómo se hizo todo eso?, ¿cómo eran antes esos lugares hoy atravesados por autopistas, puentes, túneles, construidos admirablemente sobre la agreste geografía nacional?, ¿cómo se benefician las comunidades y qué piensan sus habitantes?, ¿quiénes fueron los obreros que las construyeron, de dónde vinieron, cuánto tiempo permanecieron en los campamentos luchando contra las adversidades del clima y el terreno?, ¿cómo llegaron allí los materiales que están potenciando distintas cadenas productivas? y¿cuál fue la ruta de esa conquista?

Puesta en marcha la primera y la segunda ola de vías de cuarta generación, con una inversión cercana a los 24 billones de pesos, ya deberíamos estarnos preguntando si nos vamos a quedar sabiendo nada de cómo se hará uno de los cambios más trascendentales en la historia del país: el de su infraestructura vial. Que es una parte de todo lo que se va a hacer en términos de puertos, aeropuertos, ferrocarriles y el río Magdalena.

¿Podrá usted ver en TV cómo cambiará el país?, ¿podrán los asistentes a las salas de cine observar cómo se hizo un túnel o se tendió un viaducto entre dos cumbres?, ¿podrán consulados y embajadas mostrar a propios y extraños esa gesta patriótica del futuro?

Ojalá que sí. Porque como dice el Presidente de la República, “hay que pensar en grande”. Y tan grande es la obra, como debe ser la memoria que registra su construcción. Cuando se tienen profesionales de la comunicación y recursos, sería una omisión histórica que eso no se hiciera. Es una tarea conjunta de Gobierno, consorcios y empresas nacionales y extranjeras, gremios como la CCI y la SCI, entre otros. Una colosal APP.

Porque el acto inaugural es muy bonito. Y ahí estará el nuevo país. Pero nunca sabremos cómo ni quién lo hizo. Y del majestuoso Puente Pumarejo nos va a contar primero la María Moñitos…

Carlos Gustavo Álvarez G.

Periodista

cgalvarezg@gmail.com

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