Carlos Gustavo Álvarez

Algo huele mal

Carlos Gustavo Álvarez
Opinión
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
febrero 18 de 2016
2014-01-17 03:55 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/22/56cb679eb2280.png

Algo huele mal en Bogotá, y no solamente por las cosas que están pasando en la Alcaldía. El cierre temporal de Centro Mayor es un llamado de atención sobre un problema crítico y colectivo. Se trata de la disposición, instalación y mantenimiento de las baterías sanitarias –mejor dicho, inodoros, orinales y lavamanos–, en lugares de afluencia masiva.

“Tenemos horas pico de 100.000 personas, y por supuesto, colapsan los baños –manifestó el gerente, Julián Mosquera, extrañado por el cierre–. Nuestro promedio está entre cuatro y seis baños dañados. Pero el problema no es solo la parte hidráulica. La requisición es el shut de basuras”.

Esa apocalíptica visión se queda corta frente al reporte de Aldo Cadena, secretario de Salud de Bogotá. De 152 baños, solo servían 52, y de 49 orinales, tres eran aptos para micción. Y en la plazoleta de comidas, el problema era con los sifones, que carecían de tapas y rejillas, bloqueos indispensables para agentes de contaminación fatal como ratas y cucarachas. Cadena refirió el cierre de otro supermercado ante el taponamiento de las cañerías.

Sin el ánimo de esgrimir el tradicional ‘yo se los dije’, en artículo que publiqué en el blog 507 palabras, de Portafolio, el 8 de agosto del 2012, y que titulé ‘La emergencia ha comenzado’, señalé ese peligro en esta capital densa y compacta, que va hacia los ocho millones de habitantes como un barco escorado y sin cultura ciudadana.

“La ciudad ha comenzado a oler mal –escribí–. No solo por sus contaminados cuerpos de agua convertidos en cloacas. La infraestructura del alcantarillado está saturada y las emanaciones son el regalo nauseabundo de cada día. No se salvan de ella los más exclusivos centros comerciales, donde hay que taparse la nariz para entrar a los baños o a determinados lugares. El mal olor recorre como hálito de peste, conjuntos residenciales y oficinas, colegios –algunos de ellos en verdaderas emergencias sanitarias por la precariedad de las instalaciones y el mal uso que de ellas hacen los estudiantes–, y tantos otros lugares urbanos. Hay quienes se preguntan a dónde están yendo a parar las aguas negras vertidas, y si cada persona, al descargar el agua de su sanitario, no estará generando una catástrofe ecológica en algún punto de la Sabana o debajo de su propio lugar de habitación”.

Los centros comerciales reciben a sus compradores y a miles de transeúntes que alivian allá lo que no alcanzan a hacer en la calle. Suplen la inexistencia de baños públicos. No hay cultura ciudadana para manejar las instalaciones. Y el vandalismo es feroz. Pero también hay falta de planificación en algunos de ellos, así como en el área pública del nuevo Aeropuerto El Dorado, donde hay que hacer cola para los miserables dos orinales con que aprovisionaron los baños.

Andrés Arango, presidente de Ospinas y Compañía –empresa con la que tengo un vínculo de historia y corazón–, anuncia que caben muchos más centros comerciales en Colombia, promovidos bajo altos estándares de planificación. Ojalá eso incluya los baños.

Porque, definitivamente, algo huele mal en Bogotá.

Carlos G. Álvarez G.

Periodista

cgalvarezg@gmail.com

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado