Carlos Gustavo Álvarez

La parábola del sapo

Carlos Gustavo Álvarez
Opinión
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
febrero 18 de 2016
2015-04-09 10:40 p.m.
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A los colombianos nos está pasando lo mismo que al sapo de la parábola o a la rana de la metáfora. Estamos metidos en una olla y las circunstancias nos han venido subiendo la temperatura del agua. Tan lenta, tan imperceptiblemente, que por estar chapaleando desprevenidos no nos vamos a dar cuenta cuando estemos cocidos. O para hacer más exacta la figura, fritos.

Escribo hoy cuando termina, el primer plazo para pagar con un descuento del 10%, un abusivo impuesto predial. Y no lo planteo desde el punto de vista del moroso, porque hago parte de las 800.000 personas capitalinas que hasta el jueves ya lo habíamos cancelado. No lo hice con el gusto que presupone la administración pétrea: simplemente prefiero apretarme para aprovechar el descuento y me da pánico meterme en problemas con el fisco distrital, con cualquier fisco, sobre todo después de leer lo que le puede pasar con su casita al que no pague.

Da rabia cancelar este impuesto. En particular, después de haber pagado en octubre una sorpresiva y también costosa valorización, que nos aplicaron a quemarropa a algunos sectores por obras cuyos beneficios no vemos y mucho menos disfrutamos. Y conste que no me estoy sumando a la animadversión criolla al pago de los tributos que nos han aplicado desde la alcabala.

Sé que como ocurre en tantos países de la OCDE, una condición del desarrollo, del bienestar y de la equidad es que el pago de impuestos sea un alto porcentaje de los ingresos. Sólo que allá, la gente, además de ser informada sobre cuánto entra y cómo se invierte, puede ver en su vida cotidiana que el esfuerzo ha valido la pena.

En cambio, aquí, nos duele el pago de impuestos porque siempre pensamos que son una mera transferencia: de nuestros sufridos bolsillos a las bolsas sin fondo de los corruptos. También nos causan urticaria porque no vemos resultados ni beneficios.

Y si con este predial celestial, por lo alto, se están haciendo cosas por otros sectores sociales, lo celebro. En todo caso, la calidad de vida de la mayoría de las personas en esta ciudad está por el suelo y estos tres gobiernos de la izquierda nos han dejado con una mano adelante y otra atrás. Sumidos en el vórtice de los dos principios ideológicos de Petro: el caos y la lucha de clases.

Pero también este predial, que la administración tozuda se negó a facilitar en cuotas u otros medios de pago, nos llega en el peor momento. El costo de vida nos tiene los bolsillos en ascuas. Por el cambio climático, el precio del dólar, el paro camionero, la Copa América o las afugias agrarias, el valor de bienes y servicios se ha duplicado y ahí se va a quedar. Mientras tanto, los ingresos son una menesterosa tortuguita que jamás alcanzará a la avivata liebre de las alzas.

Los colombianos pasamos esos viacrucis peleando entre nosotros.

Sin una cultura de la convivencia y braceando en un caldo de mediocridad. Sin autoridad. Y mientras tanto, sube, sube la temperatura. Y el batracio no sabe lo que le espera…

Carlos Gustavo Álvarez G.

Cgalvarezg@gmail.com


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