Carlos Gustavo Álvarez

Otra clase media

Carlos Gustavo Álvarez
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
noviembre 29 de 2013
2013-11-29 03:48 a.m.
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La clase media ampliada y potenciada es el nuevo gran activo de la economía colombiana y del mundo. Reporta un estudio reciente de la Universidad de los Andes que todo ha sido aumento para esa franja en los últimos 10 años. En el 2001 constituía el 16 por ciento y en el 2011 copaba el 26 por ciento. Un informe del Banco Mundial clasifica en esa parte de la torta a hogares que cuentan con ingresos mensuales entre 410.000 y 2,05 millones de pesos por cada miembro. Es la clase media gran imán de reputadas marcas que están llegando al país. Me parece estar viendo el rombo de Bruce Mac Master…

Es una clase media muy diferente de la antes, la de hace medio siglo, por ejemplo, que servía de mortadela y, a veces, de queso (cuando había) en el emparedado social. Y no es vana la referencia. Podía faltar lo que fuera en la casa, pero la mala suerte se atraía cuando quedaba la despensa vacía. Comer era sagrado, un ritual en el que toda la familia consumía feliz lo que sirviera la madre, que siempre cocinaba como una diosa.

Nunca sabremos si uno de los grandes daños que hemos producido en los niños de ahora fue cuando la comida casera se volvió menú. Con servicio a la carta, cada cual come y deja lo que quiere, amparados en la carencia de una noción marcial que imperaba antaño: la prohibición del desperdicio.

Muchas de las personas que lean esta columna recordarán que no se podían parar de la mesa sin comerse todo lo que les habían servido. Todo. Comida, lo que se llama, comida, no paraba nunca en la basura por dos razones: el trabajo que había costado conseguirla y el pecado que representaba despilfarrarla.

La interdicción del desperdicio no tenía fronteras. Los servicios públicos eran carísimos. En los hogares era frecuente escuchar las órdenes de apagar la luz cuando no se necesitaba, “no desperdicie el agua, mijo”, y la admonición de terminar pronto las llamadas en el teléfono negro, “porque quién sabe en cuánto va a llegar esa cuenta”.

Era una clase media de compra en tienda de barrio y plaza de mercado. Cuando algo no se dispensaba en esos paraísos, la vuelta era por el Ley o el Tía, donde también almorzaban quienes no podían ir a sus casas ni comer hamburguesa en Pesquera Jaramillo. No existían grandes superficies, tarjetas de crédito ni préstamos preaprobados.

La vía para adquirir las cosas que no se podían pagar de contado eran el fiado, la libranza, la cooperativa y el fondo de empleados. Y si una buena fortuna dejaba un excedente, había forma de asomar la cabeza por Sears. Nunca se sabrá cuánto le debe esa clase media a Everfit.

Como ahora, el gran esfuerzo de esas familias era educar a sus hijos. Hacerlos profesionales, que entonces sí era una forma de movilidad social. Pero la educación estaba siempre acorde con la noción de límite. Como todo. La casa propia y el mar eran los sueños, y, en fin, era otra época, la clase media de entonces…

Carlos Gustavo Álvarez G.

Periodista

cgalvarezg@gmail.com

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